“Pasar atado horas me satisface plenamente”

En México hay cinco dominatrices profesionales. Tres revelan aquí detalles de su profesión

“Pasar atado horas me satisface plenamente”

En México no hay más de cinco. Son las dominas, las amas profesionales, las dominatrix, mujeres vestidas de manera especial y frecuentemante de color negro que reciben un “tributo” de 100 a 120 dólares por sesión de una hora en la que pueden atar, golpear, morder, dejarse lamer los pies o dar descargas eléctricas a los hombres que piden estas y otras prácticas.

“Me buscan desde estudiantes con becas, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, de todo, hasta hombres que tienen aviones”, revela Ama Karla. “Mi especialidad es el juego de sensaciones como, por ejemplo, las privaciones sensitivas, los azotes o el uso de electricidad. Todos regresan a experimentarlo una vez más”, dice Domme Jaguar. Ambas dominantes que acompañan y dirigen a los hombres en sus fantasías.

Habitualmente, los hombres y las mujeres a los que les gusta este juego de dominación-sumisión y de intercambio erótico de placer, se encuentran en el llamado círculo BDSM (Bondage-esclavitud, cautiverio-, Discipline-disciplina, Dominance-dominación-, Submission–obediencia-, Sadism–sadismo-, Masochism– masoquismo).

No hay números de cuántos lo practican en México. España es de las pocas referencias mundiales porque ahí se han realizado estudios. En 1999 salieron a la luz los resultados de una encuesta que indicó que, en ese país europeo, 23% de los hombres y 19% de las mujeres habían realizado algún tipo de práctica BDSM, mientras que 33% y 45%, respectivamente, tenían fantasías BDSM.

KIOSKO buscó a algunos de los miembros de esa comunidad en México para conocer una realidad que, por su práctica poco visible a la luz, se ubica en el nivel underground del underground.

“Puedo pasar atado más de 10 horas y eso es algo que me satisface plenamente, mi umbral de resistencia al dolor es alto” dice Rod. “Puedo besar las botas y los pies de mi ama en cuanto ella me lo ordene”, comenta Apeiron. Estos dos hombres han jugado como esclavos en sesiones con amas.

Sano, seguro y consensuado

En ese juego, como en cualquier otro, existen principios y reglas para llevarlo a cabo. Los conocedores saben que se practica bajo las premisas de que sea sano, seguro y consensuado, pues no se trata de lastimar a alguien, física o mentalmente, sino de llevarlo a sensaciones placenteras antes no experimentadas.

Como requisito previo para lograr una sesión con una de las dominas, los hombres o incluso mujeres llenan un cuestionario con sus preferencias y limitaciones. Además

tuvieron que haber pasado por filtros previos para ser seleccionados como sumisos o esclavos.

Durante las sesiones se llevan a cabo las fantasías en las que el sumiso y la ama convergen. Sin embargo, las dominas casi nunca incluyen prácticas sexuales de ningún tipo, pues se perdería la esencia del juego de dominación.

Rod es esclavo de Ama Karla desde hace 11 años. Son muy amigos y la domina se ha convertido en su confidente, aun más que su esposa, quien desconoce los gustos de su marido. “Un día lo amarré con dos chicas y para él resultó fascinante” dice Ama Karla. “Soy una persona que toma decisiones diarias, tengo a mi cargo a gente y para mí esto es una fuga; igual me hubiera escapado en el golf, pero esto me gusta”, dice Rod.

“Mi papel como dominante es conducir a la otra persona adonde quiere. Tienen la necesidad de ser dirigidos. Les ayudo a descubrir delicias, a romper tabúes, como vestirse de mujeres, expresiones que en la vida cotidiana no harían”, comenta Domme Jaguar, quien recibe muchas visitas en su página de Internet del mismo nombre.

Ser dominatrix es un arte y requiere de mucha preparación. Las mujeres saben perfectamente cómo y hasta dónde someter al llamado esclavo, sin exponerlo a un “riesgo excesivo”.

Tienen conocimientos de salud para evitar cualquier accidente relacionado con el castigo físico.

En el círculo BDSM existen también amas que no hacen de esto una profesión, es decir que practican los juegos de poder y que tienen esclavos o sumisos pero no reciben remuneraciones.

Tampoco existe un padrón que señale cuántas existen, pero son las menos, pues se calcula que la mayor población en este ambiente son hombres dominantes, seguidos de los sumisos, de las mujeres sumisas y, en un porcentaje mínimo, de las dominantes o amas.

Ama Dee Dee, identificada por sus muy buenos conocimientos, como dominante, es una de las que no recibe pago por sus servicios. Ella considera que la mínima existencia de amas (profesionales o no) tiene que ver con la situación que vive la mujer de rol sumiso y las expectativas sociales que se espera de ellas, se cuidan de ser vistas o etiquetadas.

José de Jesús González, del Grupo Interdisciplinario de Sexología, explica que las prácticas BDSM se consideran como expresiones comportamentales de la sexualidad, una concepto que las descarta de ser patologías.

Sin afán de hacer proselitismo, sino de compartir con más personas este gusto, Ama Karla tiene una escuela de dominas en Monterrey. Pero el grado de escasez de las amas es tal que Apeiron ha aprendido a ser dominante para enseñar a las mujeres a que lo dominen.

“Si me propongo jugar con una mujer sumisa la encuentro en un par de meses, pero si deseo jugar con un ama pueden pasar años”, dice este hombre esclavo.

Muchas mujeres en el mundo virtual dicen ser amas, pero en realidad son pocas las que conocen de forma seria el mundo BDSM. Otras prefieren ser sumisas, no aceptan la imagen de un hombre distinta a lo que la sociedad ha impuesto: hombre macho igual a dominante, que de esos abundan.

Natallia Gómez Quintero | El Universal.com

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