Toledo

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Para los cadetes de la Academia de Infantería de Toledo, la devoción a la custodia en el «Corpus Christi» es tan honda y primordial como para los marinos lo es el rendimiento de honores a su Virgen del Carmen, para los aviadores a Nuestra Señora de Loreto, para los legionarios a la imagen del Cristo de la Buena Muerte y para los guardias civiles a la Virgen del Pilar. Para los cadetes, antes rendir, y ahora presentar armas a la llamada por Benito Pérez Galdós «la descomunal alhaja» que se guarda en la catedral de Toledo, es ante todo, un honor. Nadie les obliga a hacerlo, excepto la tradición y la costumbre secular. Y lo hacen voluntariamente. Este Gobierno no sólo es desastroso en el fondo, sino también en las formas, y más aún, si las formas son las sagradas. Hasta el presidente de Castilla-La Mancha y el alcalde de Toledo, los dos socialistas, se han sentido indignados con la ridícula ordenanza laicista de este Ministerio de Defensa desnortado. No deben preocuparse.
El año que viene, todo volverá donde solía. Será la Banda Militar de Infantes la que interprete el Himno Nacional al paso del cuerpo de Cristo en su descomunal alhaja. Y los cadetes presentarán armas, como lo han hecho desde que los bisabuelos de la ministra Carmen Chacón todavía no habían nacido. Y lo harán, porque esas ordenanzas absurdas, aún estando en vigencia cuando el próximo «Corpus» toledano nos alcance, ya aguardan en la papelera. Papel para reciclar. Si el Gobierno de Zapatero perdura, los mecanismos que pondrán en marcha las instituciones toledanas y de Castilla-La Mancha solventarán la ridícula prohibición. Y si el Gobierno de Zapatero, como es de esperar, es el año que viene por estas fechas un espantoso recuerdo, pero no más que un recuerdo, el «Corpus» será objeto de todos los honores que le han correspondido durante siglos hasta que fue arrestado por Carmen Chacón y Constantino Méndez. Me decía un cabo en la «Mili». «Este arresto no te lo quita ni Dios».
Y no me lo quitaron. Pero resulta diferente arrestar al recluta Ussía que a Dios. Y Dios se ha saltado el arresto, y más cadetes que nunca se han prestado voluntarios para acompañarlo por las calles majestuosas, imperiales, angostas del Toledo prodigioso, y jamás se vieron más reposteros colgando de los balcones, ni se rezó con mayor hondura al paso de la custodia. El laicismo tiene eso. Que usado como mera bobada prohibicionista, anima a la afirmación de los que creen, no sólo en Dios, sino en la Cultura, la Tradición y las Costumbres.

El anticlericalismo puede ser, como en todo, inteligente o pueril. En España, por fortuna, domina el segundo. El tonto, el revanchista, el inculto, el metepatas. Esas ordenanzas cantamañanas carecen de futuro. Se han cumplido a medias en su primer año de vigencia, que será el último. A esta gente ya no le queda gasolina. En menos de una década, nadie se acordará de la estupidez. El pueblo y sus militares conservarán sus costumbres, sus devociones y sus celebraciones. Siempre habrá en España hombros y papeleras. Hombros para llevar al Santísimo Sacramento, y papeleras para depositar ordenanzas idiotas.

Alfonso Ussia/larazon.es

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