Sudáfrica empieza a pagar cuentas

Sudáfrica empieza a pagar cuentas

Hay una crónica que no puede dejar de hacerse de la Copa del Mundo de Sudáfrica. Tiene que ver con la capacidad del gobierno de este país y del Comité Organizador que se conformó, para que este gran evento se desarrolle conforme a las expectativas de todos los que le han empezado ya a dar forma. La fiel idea de que Josep Blatter, el presidente de la FIFA, le otorgó al continente africano la XIX Copa del Mundo como un pago de favores por los votos que los delegados de la Confederación Africana de Futbol le han dado para perpetrarse en el poder, empieza a cobrar sentido cuando se registran hechos tan lamentables como los que se dieron el domingo pasado en un suburbio de Johannesburgo. Miles de aficionados que se quedaron fuera del pequeño estadio en el que jugaban un amistoso las selecciones de Nigeria y Corea, provocaron una estampida, ante la acometida de una policía inexperta, generando 20 personas lesionadas.

El primer suceso desagradable de Sudáfrica 2010. Algo que los detractores de este Mundial han recogido y difundido con especial énfasis. Para colmo, la FIFA lo único que ha hecho es deslindarse de estos hechos, siendo que el partido fue sancionado por sus oficiales. ¿Y qué ha hecho el presidente sudafricano? Ignorar la cuestión. Para él no existió, todo marcha de forma estupenda. Y no es así. Mucho más allá de este “accidente” las cosas no están como lo prometieron por estas tierras para estas fechas. Y no es por la gente. Es simplemente porque la pobreza y las necesidades de la población son mucho más grandes que cualquier presupuesto emergente utilizado para maquillar tanta carencia. Y va también esta observación muy por encima de simplemente cuestionar o evidenciar que a la plataforma de acceso al magnificente Soccer City le falta o luce sin pasto o con tierra polvosa. Los sudafricanos empiezan a recibir a miles de ciudadanos de otros países con el orgullo de sentirse el centro del Universo. Pocos alcanzan a vislumbrar la soledad en la que se sumirán, aterrados por las deudas que su gobierno contrajo a su nombre, a partir del 12 de julio.

Rafael Ocampo/mileniodiario.com.mx

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