Sobre la violencia

Sobre la violencia
pintura de Yta

Es posible que la muerte haya creado su propio espacio de saña y violencia en el paisaje social de México, un espacio irreductible a acciones o explicaciones convencionales, un espacio que linda con la metafísica del mal. El increíble saldo rojo de los últimos días parecería apuntar en ese rumbo.

He incurrido ya en esta sospecha a propósito de Ciudad Juárez, la ciudad más mortífera del mundo, en una crónica recientemente publicada (Nexos, junio 2010). Me pregunto si no hay que extenderla a algunas otras zonas frágiles del país, como Michoacán.

No he leído en ese sentido nada tan radical como la reflexión de Charles Bowden, autor prolífico y testigo extraordinario de la violencia juarense, cuyo último libro sobre esa ciudad acaba de salir en inglés y publicará en México Random House Mondadori: Murder City. Ciudad Juárez and the Global Economy New Killing Fields (“Ciudad homicidio. Juárez y los nuevos campos de exterminio global”). En las páginas de Murder City pueden leerse los siguientes pasajes:

Por años la gente ha buscado una explicación a la violencia de Juárez. Los cárteles son una explicación a la mano. Los asesinos seriales ayudan a explicar las mujeres muertas. También puede echarse mano de los cientos de pandillas callejeras. Y de la pobreza masiva, de las familias sin arraigo que migran del sur, de los policías corruptos, de los gobiernos corruptos, etc.

Insistimos en que el poder debe reemplazar al poder, que las estructuras reemplazan estructuras previas. E insistimos en que el poder existe como jerarquía, que hay un arriba donde vive el jefe y un abajo donde la presa se derrite de miedo ante el jefe […].

Tratemos por un momento de imaginar algo más, no una nueva estructura sino más bien un nuevo patrón, que no tiene arriba ni abajo, ni centro ni orilla, ni jefe ni siervo obediente. Pensemos en algo como un océano, un asunto fluido sin rey ni corte, jefe ni cártel […].

Suspendamos todas las formas normales de pensar. La violencia cruza Juárez como un viento que no cesa y nosotros insistimos en que es una batalla entre cárteles, o entre el Estado y los narcos, o entre el ejército y las fuerzas oscuras.

Pero consideremos esta posibilidad: la violencia está hoy imbricada en el tejido mismo de la comunidad y no tiene una causa única ni un botón que la enciende y la apaga. La violencia no es ya parte de la vida, es la vida misma…

Hector Aguilar Camin/mileniodiario

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