Por supuesto, La Roja

 Por supuesto, La Roja

En los últimos tiempos se ha producido cierta polémica de besugos alentada por quienes consideran un «error», por supuesto con tintes ideológicos, que a la escuadra futbolera española se la denomine La Roja. Se preguntan algunos el por qué de este apodo cuando ha sido desde siempre «la española» o la selección nacional o incluso la «furia». También los hay que todo lo ven desde el punto de vista político e identifican lo rojo en exclusiva con el comunismo y el socialismo, olvidando que ese color fue antes y después el de las emociones y el amor, el de la sangre y el calor, el de la presión y la pasión, el del ritmo cardiaco y de los cientos de flores que se visten de rojo cada año en primavera. Es hasta el color preferido de banqueros de derechas como Emilio Botín, que llevan el rojo por bandera incluso en los pantalones, o la enseña roja de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre, o los vestidos colorado intenso de mi admirada alcaldesa pepera valenciana, Rita Barberá. Desposeído de su connotación meramente ideológica, ¿qué tiene de malo el rojo? Los del Atleti lucimos el bermejo colchonero con orgullo y también los del Sevilla y el Bilbao y el Mallorca y Osasuna. Todos grandes equipos españoles. Desde que tengo uso de razón la selección de fútbol vistió con camiseta roja, incluido en la época de Franco. Nadie protestó entonces ni la identificó con el marxismo. Que Luis Aragonés decidiera un día poner en circulación el sobrenombre de La Roja como sinónimo de «la española» no sólo me parece un completo acierto sino una necesidad. Acierto porque ha triunfado. Necesidad porque se imponía una mercadotecnia que nos agrupara a todos al margen de ideas o territorios. Los brasileños llaman a su escuadra «canarinha» y los italianos «azzurra» y los uruguayos «la celeste». La Roja no es sino la definición del color de la camiseta de nuestra escuadra, aceptada como tal por Franco y por Suárez, por González y por Aznar, por el Rey y el Príncipe. Luis pidió que se le llamara La Roja porque pensaba, con razón, que el combinado español necesitaba un impulso de márketing más allá del puramente deportivo. Él se lo dio en el campo pese a que cierta Prensa le machacó a diario y los directivos de la Federación no le renovaron el cargo aun habiendo construido el mejor equipo de nuestra historia: la Armada española que ganó la Eurocopa en Viena derrotando por méritos propios a Rusia, Italia y Alemania.

Dicen algunos con frecuencia que es que La Roja es un término acuñado por la Prensa de izquierdas. Bajo mi punto de vista, ése sería el peor de los errores: dejar que tal definición se la apropien únicamente los medios denominados progresistas porque los demás no lo hacen suyo por miopía ideológica. El color rojo es, amén del que lleva nuestra selección en su camiseta desde siempre, el que exhibimos con orgullo en nuestra bandera, y en los escudos de Castilla y de Navarra, y en las enseñas de los antiguos reinos de Aragón y de Valencia. Por tanto, que viva el rojo de España sin connotación política alguna. Hasta en esto deberíamos hacer un esfuerzo por superar viejos prejuicios. Larga vida a La Roja, y suerte para hoy.

Jose Antonio Vera/larazon.es

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