Los sudafricanos, ¿malos?

Por: Lali Cambra

Presidente
 ¡Con lo tranquilos que estábamos con nuestros asesinatos de líderes de extrema derecha, nuestros casos de corrupción (que también los hay, no va a tener el monopolio España), nuestros debates sobre si nacionalizar las minas, nuestras telenovelas de producción propia y ahora va y se nos viene el Mundial encima!

¡Con lo amenizados que estamos siguiendo la vida conyugal (mucha, obvio) y extraconyugal (bastante, al parecer), del presidente Jacob Zuma, ahora va y se suspende todo por el Mundial!.

Que habida cuenta el número de telenovelas que se zampa el sudafricano medio, (a capazos, desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche, en las cuatro cadenas que no son de pago, repetidas por la mañana y los fines de semana) se diría que son amantes del melodrama y del folletín, -y del folleteo también, que hay unos líos de camas, una de noviazgos, traiciones y desengaños que para seguirlos todos ni con GPS-.

Pero como la realidad supera la ficción, estos días sólo hay que abrir los periódicos para encontrarnos las intimidades de la pareja de cuatro más famosa del país: la del presidente Zuma y sus tres esposas.

Jacob_Zuma_esposas Que parece que la segunda, MaNtuli, no se lleva bien ni con la primera ni con la tercera. Que dicen que si está embarazada y no se sabe de quién. Que si tuvo un lío con su guardaespaldas. Que si MaNtuli ha tenido que pagar una cabra a Zuma por montar en cólera cuando se enteró que éste pretendía ampliar el matrimonio a tres (en ésto de respetar las tradiciones los animales siempre llevan la de perder, aquí también, no va a tener el monopolio España). Que si tenemos una cuarta boda en ciernes, que sería la sexta para Zuma, de 68 años y con un divorcio y una viudedad en su prolijo haber. A todo ésto, desde el gabinete del líder del Congreso Nacional Africano (ANC) y jefe de Estado, no se dice ni mú, ni bé. Condenan, eso sí, y no sin razón, la intromisión en la vida privada del presidente. Que se hace, hay que ver, desde la prensa seria del país, con actualización diaria por internet.

 

Tampoco parece afectar demasiado a la población. Ya decía que éste es un país tolerante y políticamente correcto hasta la extenuación. Que los sudafricanos deben pensar que si ya es difícil en una pareja de dos, lo complicado que debe ser cuatro. O veinticuatro, si sumamos a la progenie. Que si Zuma ya ha sido infiel (con una hija fuera del matrimonio, reconocida), pues a ver porqué no MaNtuli. Aunque ésto último lo pensarán los más liberales, que la cosa patriarcal y macho-man está de revival en Sudáfrica.

Más se ha comentado, aunque tampoco todo lo que daba de sí, el desliz verbal del presidente hace unos días. Se encontraba Zuma en una pregaria colectiva (se reza mucho en este país, una de creyentes de todos los credos…) y no que va y pide al altísimo, “que los sudafricanos sean buenos, sólo por estas cuatro semanas (del Mundial), que sean buenos”. ¿!!!???¡¡¡¡ ¿Ein?

Pregunta a: ¿es que los sudafricanos no son ya buenos?. Pregunta b: ¿qué es lo que piensa el presidente que son sus compatriotas?, ¿facinerosos, maleantes y truhanes todos?. Pregunta c: ¿qué se supone que harán los sudafricanos después del Mundial para cumplir las expectativas de maldad del presidente?. Pregunta d: ¿tenemos permiso, pues, para sembrar el caos y dejarnos llevar por nuestros más bajos instintos después del Mundial?. Ole, ole.

La prensa seria y la no seria (tabloides, escandalosos, centrados en crímenes horripilantes) hizo el agosto, claro. Los periódicos anuncian sus principales titulares en cartelones que cuelgan en farolas de calles y plazas. Por todas partes, el titular: Zuma: be good for just 4 weeks. Y después, ancho es el Karoo (que vendría a ser el equivalente sudafricano de Castilla, con muy buena carne de cordero).

Aún así, la polémica no fue mucha. O bien los sudafricanos ya no tienen la confianza que tenían en Zuma y pasan de él, pese a que las expectativas eran grandes en su sucesión a Thabo Mbeki, o han aprendido a leerle entre líneas y a suponer lo que de verdad quiso decir: o bien se refería sólo a los tsotsis (ladrones) y skelms (malos) que nutren las estadísticas policiales (muy bien nutridas, con 18.000 asesinatos al año), o bien desea que los sudafricanos sean mejores durante el Mundial de lo que ya son. Es de esperar que era eso lo que quería decir. Las chanzas se suceden, claro, que los sudafricanos se ríen de sí mismos como los que más. En Facebook, una amiga, funcionaria pública, anotaba: “Pido al presidente que sea bueno. Sólo por esta semana”. Pues eso, ¿quién necesita un Mundial?

——-De ésto de la escasa crítica pública al líder hablaba hace un tiempo con un analista político del país. Durante la campaña para la presidencia del ANC, cuando Zuma rivalizaba con Mbeki, el primero fue presentado como un ogro, su juicio por violación de la hija de un amigo, del que fue absuelto, siempre presente; su declaración en el juicio de que se había duchado para prevenir el VIH, repetida constantemente; su falta de estudios; la relación corrupta con su asesor fiscal, entonces en la cárcel, en primera línea y hasta el hecho de que fuera zulú parecía un inconveniente (se llegó a hablar de potencial tensión interétnica con los xhosa que habían dominado hasta entonces: Mandela y Mbeki). 

Fue nombrado Zuma jefe y todo pareció borrarse de un papirotazo: se destacó entonces su cordialidad, su cercanía a la gente, su voluntad de consenso frente al autoritarismo de su rival, las posibilidades de que su gobierno generara más trabajo, políticas más de izquierda, su afán por luchar contra el sida (falta hacía después del gobierno Mbeki que recordemos, negó el vínculo entre el VIH y el sida)… “Es verdad, hay entre los sudafricanos una fascinación, un respeto agudo por el líder. Y no sólo es de ahora o sólo del ANC. Incluso desde dentro de los órganos del apartheid era difícil cuestionar a los dirigentes”, decía el analista político. 

Entre otras, razones culturales, dado que el respeto a un hombre mayor por parte de los más jóvenes se da por supuesto (y más si hablamos de alguien con autoridad) y políticas, de disciplina interna del Congreso Nacional Africano (ANC), donde los trapos sucios se limpian en casa.

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