Lo posible no es lo probable

Lo posible no es lo probable

En cierta ocasión, alguno de los jefes que he tenido me pidió un proyecto. Cuando se lo presenté, me preguntó si podía garantizar que saliera bien. Como ese día andaba yo con los pies en la tierra, le respondí que iba a intentarlo. No le gustó la respuesta al hombre y tiempo después, al volver de las vacaciones de fin de año, me enteré que estaba yo despedido. Esperaba, el tal jefe, la avasalladora actitud del “triunfador”, la contundencia del que “siempre gana”, el fanatismo del que no tiene dudas y la certeza de quien, con la mano en la cintura, puede adelantar desenlaces y resultados futuros. Madre mía.

Esta es, sin embargo, la actitud que se espera de cualquier persona que se enfrenta a un reto aunque, en su condición de simple mortal, no tenga control alguno sobre muchísimos elementos de la realidad. Y viene a cuento la pequeña anécdota porque, hace un par de días, Cuauhtémoc Blanco, muy bravucón, soltó que no le importaba qué equipo le pusieran enfrente en la siguiente etapa del Mundial. Fue una baladronada innecesaria porque admitir que un posible adversario es más fuerte que otro —y, en consecuencia, decir que al equipo mexicano le vendría mejor jugar contra el más débil— no es un signo de cobardía sino el mero reconocimiento de una situación concreta. Pero, nuevamente, supongo que Temo estaba en su papel.

Bueno, pues, justamente, ahí tenemos a la Argentina: bien plantadita sobre la cancha, con unos jugadorzazos de talla mundial y con nueve puntos en el bolsillo luego de una primera vuelta donde México cosechó trabajosamente… cuatro. Cinco puntos menos, o sea. Aunque todo es posible, vivimos también en el universo de lo probable. Y, en este sentido, el triunfo es poco hacedero. No le gusta a la gente, sin embargo, escuchar las voces de la sensatez sino que prefiere alimentar las desmesuradas fantasías del soñador. Espero, entonces, las habituales andanadas de insultos de los lectores. Por cierto, ese jefe del que hablaba terminó por fracasar estrepitosamente.

Roman Revueltas Retes

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