La Terminal de América

La Terminal de América

Te lo cuento lúcido en una mañana borrosa. Vagabundeaba por el aeropuerto que platicamos. Insolado y alucinado, inconsciente horario, sin saber de dónde vengo o dónde voy. Ganas de irme, pero miedo de llegar. Allí me descubre América, rescatando mi dignidad en los ojos del araucano, serios, severos. El coraje del mexicano te salva y te comunica. Te ayuda a reconocerte hermano de la garra y del charrúa. Del arrojo gaucho que interpretó una derrota en mis ojos; y del ritmo brasileiro, que con prisa compuso mi pupila despistada. Incluso fui del Bronx, bravo y duro, a millas náuticas del guaraní, valiente y discreto. La Terminal Americana es un puente de culturas. Parece que mi continente está tomando en serio la hermandad de una tierra con valores más comunes entre sí, que los del bloque europeo. Estas selecciones han encontrado los principios que las unen.

Quizá sea solidaridad, esa fuerza tan popular entre nosotros. Nativos de un lugar acostumbrado a luchar por lo que más queremos y ser caballeros con el adversario acomodado. La extraña necesidad de sentirse local en un país con virtudes y defectos similares nos vuelve africanos. México, Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Honduras la única que no ha ganado, son mi lugar esta noche larga y melancólica, donde América me abraza lanzándome de vuelta a Europa.

Me da una palmada en la espalda para encarar ese destino que anhelo, y por el cual pronto amaneceré allí. Aprender a dominar el Atlántico nos viene bien. No te lo pierdas. Te vuelve conquistador. Guerrero. Audaz. Me enseñó a cumplir promesas con casta y raza. Me convierte en un sobreviviente del Mundial. Ese lugar común donde hoy, América está triunfando, despegamos, volvemos.

Jose Ramon Fernandez jr./cartas oceanicas

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