El cenizo

El cenizo

Se ha montado un circo de optimismo –en el que servidor participa– en torno a la Selección y su participación en el Mundial de Suráfrica. España cuenta con un equipo fabuloso y alguna vez tendrá que ser. A eso de ganar me refiero. Pero mi obligación, a pesar de estar inmerso en el circo del entusiasmo, es la de vestirme de cenizo, de pesimista sin pausa. Unos amigos han reservado hotel y comprado sus billetes de avión «para el día de la final». Así están de seguros. Y yo me pregunto: ¿y si la final la disputan Brasil y Alemania, o Inglaterra y Argentina? No sería ilógico. Para ganar un Mundial no se puede fallar ni un solo día. Y no hay selecciones débiles enfrente. Brasil, Alemania, Argentina, Inglaterra, Francia… Cualquiera de ellas está más acostumbrada a ganar que España. Y aquí se estrena el cenizo. Vamos a ser eliminados en semifinales.
Lo tengo claro. Ese día volará Zapatero a Suráfrica. Juegan siete u ocho futbolistas del Barça, y ello contribuye al apoyo presidencial a la Selección. Además, están las elecciones. Pepiño Blanco, de ganar España, es capaz de demostrar que la victoria se debe al decretazo laboral o a la subida de impuestos a veinte mil ricos. Y tampoco –que también irá– es Rajoy la alegría de la huerta. Para mí, que la mejor Selección, junto a la de España, es la de Argentina. Pero con esa mema en la presidencia, poco hay que hacer. Los campeonatos del mundo se juegan en el césped y en las cancillerías. Y creo que Lula, Angela Merkel, Sarkozy y Cameron se tragarán en la primera merienda a Zapatero y a la trincona del bótox. No sé explicarlo, pero hay algo que influye en los comportamientos de los futbolistas ajeno al deporte. ¿Por qué Kaká va a jugar infinitamente mejor bajo el amparo de Lula que con el sostén de Florentino Pérez? A Messi le sucede al revés. En el Barça arrasa y en la Selección de Argentina lo hace regular, cohibido ante Maradona. En verdad, va a ganar el preferido de quien designa a los árbitros. Y el árbitro que toque el pito el día de la semifinal de España será un cabrón con pintas. Y fuera. Decepción mayúscula y rechinar de dientes, cuando alcanzar la semifinal de un campeonato del Mundo es una hazaña y un resultado magnífico.
Dependemos de excesivos condicionantes, como el pobre Canuto. «De todos depende/ el pobre Canuto./ Depende del suegro/ que es hombre muy bruto./ Si va a la oficina/ depende del jefe,/ que trata a Canuto/ como un mequetrefe./ Su mujer le mira/ de muy malos modos./ Y el pobre lo sufre/ con santa paciencia,/ y vive en la plaza/ de la Independencia». Creo que para la FIFA, España es como Canuto. No manda nada y depende de todos.
Así que ya lo saben. Reducción del júbilo, moderación en las esperanzas y sabiduría futbolística. Todo irá bien hasta la semifinal. Lamento ser un cenizo, pero es lo que me sale.

Alfonso Ussia

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