El «expediente Eastwood»: de «fascista» a poeta

La inigualable biografía de Eastwood, resumida en cinco pros y cinco contras

Hollywood condena a sus estrellas a un retiro forzoso a la menor evidencia de una pata de gallo. Sin embargo, Clint Eastwood debe de estarle agradecido a cada arruga.

El «expediente Eastwood»: de «fascista» a poeta

Harry «El sucio» ha cumplido 80 otoños envidiables: aparte de desmentir (hasta hace bien poco) rumores sobre la posibilidad de volver a empuñar un Mágnum 44, mantiene una actividad frenética tras las cámaras con una producción cada dos años. Y es que estamos ante todo un «expediente Eastwood». ¿Cómo aquella «máquina de matar», aquel Schwarzenegger de la década de los setenta, ha podido reciclarse en el autor más reverenciado del cine americano?
Publicaciones recientes, como «El úniverso de Clint Eastwood» (Editorial Notorious), tratan de desentrañar qué se esconde tras ese ceño fruncido. A continuación, referimos cinco razones que sus admiradores aducen para amarle, y otras cinco que contraponen sus detractores para odiarle.
A FAVOR
-Gancho. Al público le gustan los héroes, pero los antihéroes les chiflan. Así lo entendieron los dos valedores del actor, Sergio Leone y Don Siegel, responsables de la «Trilogía del dólar» (su primer éxito) y la saga «Harry el sucio» (su consolidación) respectivamente. Desarraigados y violentos, los personajes de Eastwood son como animales heridos: les han dado más palos que a una estera, pero sacarán un último arrebato de furia para defenderse. Aún hoy atráen a masas: el mayor taquillazo de Eastwood ha sido, con 79 años, «Gran Torino».
-Crítica. El director consiguió que los mismos críticos que le abucheaban en los años setenta le ovacionaran 20 años después. Curiosamente, fueron los franceses de «Cahiers du cinema» los primeros en ver sus méritos. Un dato: desde 1993, con «Sin perdón», ha sumado diez nominaciones a los Oscar y cuatro estatuillas a su palmarés.
-Ocurrente. Sus personajes nos han regalado frases impagables. Harry Callahan tiene algo que decir al respecto: desde aquél «alégrame el día» que le espetaba a un ratero antes de liquidarlo, hasta aquello de «las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno». Pero para barbaridades, las que salían de la bocaza de «El sargento de hierro». Irreproducibles.
-Jazz. «El western y el jazz son las dos únicas formas de arte americanas», dijo una vez. Dizzy Gillespie y, por supuesto, Charlie Parker (al que dedicó el filme «Bird») sonarían en la banda sonora de su vida. De joven tocaba el piano por unas cervezas. Y ya anciano, se ha atrevido a sumar su voz a la de Jamie Cullum en la banda sonora de «Gran Torino».
-Sensible. Detrás de toda esa rudeza, de ese poncho mugriento, de esa barba de seis días y de esos espesos escupitajos,  se escondía un alma sensible. Incluso con un punto poético. Ahí está aquello de «no quiero necesitarte… porque no puedo tenerte» de «Los puentes de Madison».
EN CONTRA
-Fascista. Eastwood se pasó dos décadas dando explicaciones por haber encarnado a Harry «El Sucio». Y es que aquello de «disparar primero y preguntar después» le valio al actor el sambenito de «fascista». Con todo, no sólo no se arrepintió, sino que defendió a su creación por ser, ante todo, un enemigo de la burocracia. Sí, el actor es un reconocido republicano, aunque tan «rara avis» que puso a caldo a George W. Bush por su intervención en Irak.
-Inexpresivo. En uno de sus «piques», su amigo Sergio Leone llegó a decir de él que tenía básicamente dos registros interpretativos: con sombrero y sin sombrero. El propio Eastwood reconoce que no es Laurence Olivier. Tampoco le ha hecho ninguna falta.
-Mujeriego. Lo dijo el escritor Patrick McGuilligan, al que Eastwood demandó por diez millones de dólares. Cierto es que el actor tuvo una hija secreta con una especialista de televisión mientras estuvo casado con Maggie Johnson, su esposa durante más de 25 años. También vivió un tortuoso romance con la olvidada actriz Sondra Locke. Cuando se separaron, Locke, también su socia, consiguió sacarle varios millones de dólares por, presuntamente, «torpedearla» en su carrera. Para cerrar los reproches femeninos, hay que reseñar que algunos de sus personajes fueron tachados no sólo de machistas, sino directamente de misóginos.
-Manipulador. A Eastwood no le gustan los experimentos: hace las películas que a él, como espectador, le gustaría ver. Y en ocasiones, los «malos» son rematadamente «malos», y los «buenos», condenadamente «buenos». Véanse las horribles familias de Hilary Swank en «Million Dollar Baby» y del propio Eastwood en «Gran Torino». Dos borrones en dos grandes obras.
Comercial. Se dice que por cada película que Eastwood realmente quiere dirigir (como «Bird» y «Sin perdón»), realiza otra más comercial para que la Warner recupere en taquilla lo que pierde con sus obras más «artísticas». Nada que objetar, salvo que ocurran casos como el de «Duro de pelar», donde el actor compartió estrellato con un inefable simio llamado Clyde. Para olvidar.
J. V. Echagüe/larazon.es/cine

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