Comiéndonos las uñas

Escuché una vez decir a un médico sabio, de los que sanan enfermos y no enfermedades, que en medicina son necesarias tres haches: humor, humanidad y humildad. Como es hombre prudente, Vicente del Bosque habrá aplicado una combinación similar para devolver el ánimo al equipo español, tan aquejado de melancolía como el resto del país tras la primera derrota. Entrenamiento de la selección española, este domingo en Sudáfrica

Sabiendo que cada partido es una moneda lanzada al aire que encierra la posibilidad de una cruz, esta tarde mis hijos y yo veremos juntos el partido desde el sofá, comiéndonos las uñas. Mi madre asegura que yo casi no sabía caminar cuando comencé a hacerlo y ellos han heredado de mí el hábito de la onicofagia. No se puede luchar contra el destino: raro es en mi familia quien no las tiene en el menú.

Comerse las uñas no es atacarlas a mordiscos como un lobo hambriento. Los salientes se quedaron en el doloroso primer día, de modo que hay que afrontar la labor con paciencia, tentando con la lengua y el canto de los dientes en busca de brotes nuevos crecidos durante la noche, de bordes irregulares fruto de un festín anterior. Así, de día en día y de dedo en dedo, con la certeza de que siempre habrá una recompensa a nuestro tesón.

Mientras, en la televisión, España puede lanzarse sobre su adversario, como si las vuvuzelas fuesen cornetas, para tratar de infligir la dentellada inicial que resuelva la caza. Pero también puede mantenerse fiel a la estrategia que trajo a la selección a la Copa del Mundo como reina de Europa, y cercar la defensa hondureña buscando hendiduras en un lado y en otro, sin prisa pero sin dejar de palpar, sin olvidar que a veces la vida no se pone de parte de quienes arriesgan su talento y su alma, y que caerse no es fracasar.

Domingo Villar/elpais.es

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