Che papusa, oí

Che papusa, oí

MÓNICA SABBATIELLO
El Chantecler es un antiguo local de tango que gracias a sus arañas y espejos dorados, sus cortinas de terciopelo y piso de viejo roble lustrado, reina en un callejón de peligro, putas y proxenetas en ese barrio mestizo de Barcelona conocido como el Raval.
Los bandoneones abrazan el ambiente de humo.
La Polaca lo ve entrar y sus piernas culebrean. Tan sublime es el respingo de su corazón, tibio y callado, que no repara en eso. Sabe que en pocos minutos lo podrá recibir en sus brazos.
Tan serio como siempre, Varela deja su abrigo invernal en el vestuario, pide lo acostumbrado y lo deja en su mesa de siempre. Se aproxima a la Polaca.
-Buenas -le dice, y apenas la mira de medio lado.
Las luces son suaves. Farolillos de colores de 25 vatios se recuestan sobre los marcos de los espejos, reflejándose infinitos. La música envuelve a las pocas parejas que han llegado temprano y ya están bailando. En las mesas redondas y pequeñas, otras esperan a que se caldee el ambiente para salir a la pista.
-Buenas -responde ella.
Se plantan frente a frente, mejilla contra mejilla. Sus cuerpos pegados. Y así esperan los nuevos compases. Él ciñe su espalda y sus manos se unen. Las palmas secas y calientes.El local empieza a girar
«Me encanta dejarme llevar en este suelo gastado como la sed», piensa la Polaca, que se abandona al éxtasis.
Así hasta las dos de la madrugada.
Y luego, a esperar el siguiente viernes.
Ya van cinco años.
Nunca cruzó con él más que unas pocas palabras.
Los dos lo prefieren así.
Ahora se oye, mientras bailan…
Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer…
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver…

visto en www.lakarcoma.blogspot.com

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