Antisemitismo

Antisemitismo

Nada tengo contra los palestinos. Sí, y mucho, contra el terrorismo palestino. Desde que el falso buenismo elevó a los altares a un terrorista (además de ladrón) como Arafat, en la rica Europa triunfó la esquizofrenia. Y como soy sujeto y no objeto, y vivo en una sociedad libre, me sobra el derecho a ser partidario del Estado de Israel, única democracia en el Oriente Medio. Israel se sostiene rodeada de enemigos irreconciliables que sólo buscan su desaparición. No su destrucción, sino que desaparezca del mapa. Israel, con sus características, es una nación occidental del siglo XXI rodeada de tiranías del siglo XII. Los judíos se han equivocado en numerosas ocasiones, como todos los pueblos que viven en una guerra permanente. Y se han extralimitado, como lo han hecho los que atacan con armas (y no con ramitos de flores) su soberanía.
En España, la izquierda abomina de Israel, quizá por su acendrado sentido democrático. En su Parlamento habla y se expresa una diputada árabe-israelí, Hanin Zoabi, que ha formado parte de la sospechosa flotilla «pacífica». Fue testigo del ataque. Curiosas sus palabras: «Nunca había vivido una experiencia así. Fue como si estuviéramos en la guerra». La señora Zoabi, parlamentaria israelí, todavía no se ha enterado, y ya tiene añitos para hacerlo. Están en guerra.  Llevan décadas en guerra. En Israel se permite que sus políticos actúen contra su Estado. Que hagan la prueba en los países árabes. Israel tolera y defiende la libertad de opinión y de creencias. En su territorio se mezclan sin enfrentamientos religiosos, consecuencia de su diversidad, sinagogas, mezquitas, e iglesias cristianas católicas, ortodoxas y baptistas. Prueben a intentar lo mismo en los países árabes vecinos.
En Israel, los Gobiernos y los Parlamentos surgen de los votos de sus ciudadanos en elecciones tan libres y limpias como las que se celebran en España, Bélgica o Noruega. Cuando, con posteridad a la II Guerra Mundial, Israel se estableció en el territorio que nunca le han reconocido como tal los países vecinos, Palestina tuvo una oferta similar que rechazó. Israel es un Estado organizado, con instituciones democráticas, y un Ejército poderoso y avanzadísimo.  Lo dijo  Golda Meir: «Puedo comprender que los árabes quieran borrarnos del mapa, pero no que pretendan que cooperemos  con ellos en su proyecto». La flotilla de La Paz no era tan pacífica. Ojalá nada hubiera ocurrido, pero se trataba de una provocación. ¿Excesiva contundencia? Con total seguridad, sí. ¿Excesiva provocación? Con total seguridad, también. El terrorismo de Al Qaeda y de Hamas no constituyen peligros menores. Los países árabes tienen que aceptar que la existencia de Israel es un hecho incontestable. Y a partir de ahí, mirar hacia delante y olvidarse del medievo. Ese medievo que padecen los pueblos árabes mientras sus tiranos se enriquecen.

En España, los medios de comunicación están más cerca de Hamas, Hizbulá y Al Qaeda que de Israel cuando surge algún conflicto armado. De vivir en paz y con el respeto de una vecindad normal,  Israel suavizaría su fuerza militar y devolvería los territorios ocupados. Pero está en guerra, aunque alguna de sus diputadas no se haya enterado todavía. Y en una guerra suceden episodios terribles y no deseados por nadie. Pero es así. Y los que están en guerra, les guste o no a los buenistas con florecillas en la boca, son el siglo XXI y el sigo XII. Ahí está la verdadera desproporción.

Alfonso Usia /larazon.es

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