¡Ya merito!

¡Ya merito!

La misma historia trágica de siempre. Aun cuando hay muchos que afirman que sólo se trata de un juego, lo cierto es que lo ocurrido ayer en Johannesburgo no es más que el claro reflejo de la realidad de México.

Es patética esa necesidad enfermiza de ir siempre a contracorriente, de no ser capaces de creer en que pueden no sólo competir, sino también ganar.

No es posible ver un dominio tan abrumador y tan estéril, para después ser completamente superados en cuestión de minutos por los mismos a los que antes habían controlado sin problemas, sin que dé coraje.

Sin duda, a pesar de que al final se logró recomponer un poco el camino, sería de una absoluta mediocridad pensar que se trata de un éxito, como pretenden hacer creer algunos “luminosos” comentaristas televisivos.

¿Hasta cuándo dejaremos esa jodida actitud de conformismo, de ser los eternos “ya merito”?

Lamentablemente esa decepcionante forma de ser no es privativa de los mediocres integrantes de la selección nacional de futbol, ni de los todavía más mediocres analistas deportivos que infestan la televisión mexicana.

Hay que decirlo, los mexicanos tenemos una ingrata capacidad para el martirio, parece ser que nos regodeamos en nuestro sufrimiento.

Así que vienen otros dos juegos, de los que difícilmente el equipo mexicano saldrá avante, sobre todo por el miedo que tiene a ganar.

Por una parte, qué bueno, se terminará con el autoengaño y la sociedad, que noblemente se entrega a su equipo de futbol, podrá dejar de lado los espejismos para enfrascarse en los asuntos realmente importantes.

Porque es un hecho, ese necesario cambio de mentalidad que nos permita a los mexicanos dejar atrás la tendencia natural a la victimización y nos ayude a superar los graves problemas por los que atravesamos como país, no tendrá su punto de partida en las canchas de futbol, eso es un hecho.

Así que acostumbrémonos a ver los fracasos deportivos de nuestros atletas, pues su mentalidad no da para más y trabajemos para inculcar en nuestros hijos una mentalidad triunfadora, que se sepan capaces de trascender y, sólo entonces, podremos pensar en ganar un Mundial.

Francisco Garduño/mileniodiario

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