Vendo esclavo barato

Vendo esclavo barato

Por una de esas casualidades llegó a mis manos en un viaje feliz a mi tierra, un copia desgarradora de la venta de un esclavo. Todos hemos oído, leído y enterado las espeluznantes consecuencias en los hombres y mujeres nacidos en aquellos tiempos seudo novelísticos de la hacienda Tara y sus negros vendidos por tres céntimos, del tío Tom y su cabaña, etc. Pero eso no quita el golpe de conciencia que significa saber, con un escrito firmado garigoleadamente por el justo Juan de Dios Castro, el escribano real, la existencia de seres humanos sometidos a la propiedad total de alguien encopetado y sin escrúpulos en la Nueva España, y sobre todo nuestro país hoy, tan espantado por las noticias de matanzas, esclavitudes, martirios, dolores como los de antes: “Celaya año de 1780. Seis reales. En la ciudad de la Purísima Concepción de Celaya… Doña Rosalía de Zúñiga, mujer legítima de Don Antonio Estrada, vecinos de Irapuato, vende totalmente y con efecto a Francisco de la Trinidad Nuñez, vezino del Pueblo de Apaseo en esta jurisdicción un mulatillo esclavo nombrado José Joaquín, color blanco, pelo lacio, de edad al presente diez y seis años, seis meses más o menos, hijo de Bárbara del Espíritu Santo su esclava, casada con Joaquín de León Español, a la que, y dicho mulatillo hubo, y compró la otorgante de doña María Ana de Oñate vezina de dicho pueblo de Apaseo… Lo vende en precio y quantía de cientocincuenta pesos, libres de los derechos de la real Alcavala y declara que dichos ciento cincuenta pesos, son justo valor, y precio del expresado esclavo que no vale más…”

Luego dice la rica compradora que “se desapodera ella y sus herederos y sucesores, desiste y aparta de derecho de acción, dominio y propiedad, Señorío, Título, Voz, y otro recurso que a dicho esclavo ha tenido, y todo ello lo cede, renuncia y transfiere en el comprador, los suyos y quien su causa hubiese, para que como suyo propio, habido, y adquirido, con su Dinero y Justo Título, lo haya, pose, goze de su servicio, Venda, enagene y disponga de él a su arbitrio, a cuyo efecto se le tiene entregado en señal de posesión…” La prosa legal por demás embrollada y sin posibilidad der darle mordidas para entender bien a bien el horror de transferir, vender y entregar a un ser humano, al “mulatillo esclavo nombrado José Joaquín”,de “color blanco” no obstante, e hijo legítimo –como ellos escriben—de una infeliz del Espíritu Santo y un viejo Joaquín de León Español (no se especifica si así se apellida o es de tal origen). A mí se me enmudeció el alma, me fue superior a mis fuerzas, porque ni a mis perritos los he tratado así, vendiéndolos como si fueran una mesa, un motor, una bicicleta, un objeto obsceno . ¿Y la risa del esclavo, las lágrimas, la mirada, el pecho, las manos, la lástima, la humildad, el señorío?…Vieja miserable, tiempo horrendo, el escribano que firma ya sabemos es Juan de Dios de Castro y Ochoa…la gloria de la derecha idéntica a la actual. Dios los hace y los conserva…

Maria Luisa Mendoza/exonline.com

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