Shanghai y esto es lo que hay

Shanghai y esto es lo que hay
SI Jorge Estadella volviera a la vida, seguro que organizaba un concurso televisivo para premiar al que acertara a decir quién es más feo, si Miguelín o Paquirrín. No les voy a decir quién es Paquirrín. Pero sí Miguelín: el muñeco feísimo, de más de seis metros de altura, como un niño antiguo de la etiqueta del Pelargón, que simboliza la presencia de España en la Expo de Shanghai. Ese niño feísimo diseñado por Isabel Coixet, ¿para qué lo han puesto a la entrada del pabellón de España? ¿Para que la gente entre, o para asustar al personal y que desista? No encuentro ningún significado al tal horroroso Miguelín como símbolo de España. Hombre, si estuviera vestido, ¿qué digo yo?, de algo nuestro, de torero, de flamenco, de parado, de perceptor de subvenciones, de juez estrella, de responsable político de Paracuellos repartiendo carnés de demócrata, de empresario en suspensión de pagos o de comisionista de la Gürtel, todavía tenía un pase. Pero no. El niño horroroso está en pañales. ¿Será el símbolo de que estos tíos están dejando a España en cueritatis?
¿Y saben cuánto nos ha costado poner al puñetero niño en Shanghai, en la España que va camino de los cinco millones de parados con el cornalón a lo José Tomás en la femoral del déficit? Pues nos hemos gastado 55 millones de euros en el dichoso pabellón de España en Shanghai. ¿Qué se nos ha perdido en Shanghai, cuando con eso podíamos, por ejemplo, haber puesto otros 45 utilísimos sistemas de traducción simultánea del catalán en el Senado? Por eso es chocolate del loro (o de la vicepresidenta, que para el caso es lo mismo), que hayan ahorrado 16 millones de euros en recortar altos cargos y organismos. Esto es como los manifestantes de Gibraltar en la anécdota del embajador inglés: mejor que suprimir altos cargos, no tiréis el dinero de esa forma, hijos míos. No sé por ahí, porque no me meto mucho en carretera, pero en aquí Andalucía no he visto forma más derrochona de gastar. ¿Usted sabe cuánto se han gastado en restaurar por segunda vez el Palacio de San Telmo para que el que pusieron cuando le dieron la patada hacia arriba a Chaves, un tal Pepe, viva allí como un duque, como el de Montpensier que lo construyó? ¡59 millones de euros! Y mientras en Madrid quitan unos cuantos carguetes y no sé si la Dirección General de Comunicación de la Defensa o la Dirección General de Defensa de la Comunicación, porque da igual, en la Andalucía del millón de parados, como en todas las autonomías, ni se sabe las millonadas que se siguen gastando en mantener una doble administración paralela a base de empresas públicas, para poder colocar a más paniaguados y gastar el dinero que no tenemos.
No crean que me las he inventado. En Andalucía existen, entre otras, las siguientes empresas públicas, que algunas parecen de «La Codorniz»: Agencia Andaluza de Promoción Exterior, Empresa Pública de Deporte Andaluz, Gestión de Infraestructuras Andaluzas, Ferrocarriles de la Junta de Andalucía (que no tiene ninguno), Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales, Agencia Andaluza de Ciencias y Conocimiento, Ente Público de Infraestructuras y Servicios Educativos, Sociedad para el Desarrollo Energético de Andalucía… Y aguanten la risa cuando empiece a poner los nombres de algunos observatorios, de las tres docenas que han creado: Observatorio Andaluz de la Publicidad No Sexista, Observatorio Andaluz de Seguridad del Paciente, Observatorio para la Convivencia Escolar en Andalucía, Observatorio de la Internalización de la Economía Andaluza u Observatorio del Flamenco, pero no del flamenco que está en Doñana o en la laguna de Fuente Piedra, sino del que canta y quiere ser como José Mercé para trincar subvenciones de Cultura. Multipliquen todo esto por 17 autonomías, más Ceuta y Melilla, y sabrán por qué por mucho que recorten en la Moncloa aquí estamos a cinco minutos de Grecia. Como en Shanghai: esto es lo que hay.
Antonio Burgos/abc.es

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