Santa Botox

Santa Botox

Lo he leído en LA RAZÓN, en una crónica firmada por Ángel Sastre, y me siento consternado por el silencio de la Iglesia Católica. Un milagro como ése, y ningún comentario al respecto.  Esto desmoraliza a cualquier creyente. En Buenos Aires, la Virgen se ha aparecido a doña Bótox, la Presidenta de la República Argentina. La narración del prodigio, por boca de la propia doña Bótox, es tan espeluznante que aún mantengo, horas más tarde de su lectura, lo pelos en punta, y la carne de gallina y los dídimos por corbata. Doña Bótox Kirchner se hallaba en un salón de la Casa Rosada con su madre y su hermana, cuando apareció su esposo, Néstor Kirchner, el ex Presidente, en la sonrosada estancia. Con motivo del bicentenario de la independencia argentina, doña Bótox Kirchner, que no se lleva bien con el arzobispo metropolitano, había ideado celebrar un Tedeum paralelo en la basílica de Luján, menospreciando el tradicional que tiene lugar en la catedral porteña. Doña Bótox no sólo se lleva mal con el arzobispo metropolitano. Tampoco hace migas con las Fuerzas Armadas y menos aún con los jueces, que están investigando las razones de su enriquecimiento súbito. O no tan súbito, porque el patrimonio de los Kirchner comenzó a inflarse durante el mandato de su marido, y ella ha continuado en el empeño, hasta que la Justicia ha decidido meter las narices en las cuentas de doña Bótox. Y en esas estamos.

Pero retornemos al milagro. Recuerden la escena. Doña Bótox, su madre y su hermana en un salón. Ingresa en el mismo su esposo, Néstor Kirchner.  Se sienta y le pregunta a su dulce esposa: «¿Estás segura de que haces bien eligiendo la basílica de Luján y no la catedral?». En ese instante, el sillón en el que se sienta Kirchner da la vuelta por decisión propia y el ex Presidente cae sobre la alfombra. Fue entonces cuando la hermana de doña Bótox exclamó: «¡Milagro, es la Virgen!».  Y sigue el relato doña Bótox: «Tras la ‘‘señal mariana” no tuve dudas de que había acertado eligiendo la basílica de Luján». Y nadie habla del milagro de la Casa Rosada.

Recuerdo que en mi primer día de trabajo en una empresa de Juan Garrigues Walker, y ante mis dos compañeros de despacho, Manuel Fernández Valverde y Antón Martiarena, fui protagonista de un milagro parecido. Me hizo ilusión que el sillón que me habían adjudicado fuera giratorio. Y probé con entusiasmo su capacidad de giro, de tal modo, que en una vuelta mal medida, excesivamente impulsada, caí con sillón y todo sobre la alfombra del despacho, dándome un jardazo morrocotudo. Aquel principio laboral tan humillante me impidió ascender en la empresa adecuadamente.  Y lo entendí.  Un tío que lo primero que hace en su primer día de trabajo es caerse de su sillón, no es un individuo con un brillante futuro empresarial. Ahora, después de saber del milagro de doña Bótox, me siento muchísimo más bueno, y sólo lamento no haber interpretado bien, como la fresca de doña Bótox, la señal mariana.

Esperaba de don Antonio Cañizares un comentario al respecto en estas páginas, pero ya se sabe que la Iglesia es prudente y sabia cuando de milagros se trata.  Por si acaso, y sin que sirva de precedente, doña Bótox será para mí, a partir de ahora, Santa Bótox. Santa Bótox de la Pampa, que queda más impactante.

Alfonso Usia/larazon.es

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