Romance del triste

Romance del triste

Se dice que Zapatero/ por malos momentos anda./ Que no ríe como antaño,/ que apenas suelta palabra,/ que a Sonsoles, la que llora/ desde el oro de su jaula,/ no le da las buenas noches/ en su compartida almohada/. Que se quita la chaqueta,/ que se pone su pijama,/ que se cepilla los dientes/ velozmente, que se enjuaga,/ que sonámbulo y muy tieso/ llega a su sitio en la cama,/ no lee, nada conversa,/ se vuelve, su luz apaga,/ cierra los ojos y da/ por cumplida la jornada./ No pregunta por las niñas/ ni por «Bambi», ni por nada./ Si llama María Teresa,/ no le pasan la llamada./ Si el que le llama es Garzón,/ se esconde bajo la sábana,/ y dice cosas muy locas,/ y dice cosas muy raras./ En La Moncloa, la gente/ está más que preocupada./ Si los guardias le saludan/ él no responde a los guardias,/ tropieza con las alfombras,/ en los mármoles resbala,/ por las escaleras sube/ y cuando está arriba, baja,/ y abajo, vuelve a subir/ y así hasta que se cansa./ Se dice que Zapatero/ por malos momentos anda.

En su mesilla de noche/ sin ser abiertos, aguardan/ libros de Suso de Toro/ ayunos de su mirada./ Uno de Almudena Grandes/ con muchos culos y bragas/ pero que ya no le gustan/ y que ya no le hacen gracia./ Una antología poética/ con delicia preparada/ por un tal García Montero/ que vive y mora en Granada/ jurado de tantos premios/ que no ha tiempo para nada./ No ve la televisión/ ni La Sexta, tan amada,/ ni oye los informativos/ de la Ser por la mañana,/ cuando sonámbulo y tieso/ deja su sitio en la cama/ y va hacia el cuarto de baño/ arrugado su pijama/ a cepillarse los dientes/ mientras a la puerta llaman/ para entrarle su café/ con leche y una ensaimada,/ (o puede ser un suizo/ o un cruasán, o unas pastas/ o un sobao de los pasiegos/ que Revilla le regala). Se ducha, pero duchándose/ ninguna tonada canta,/ se envuelve en un albornoz,/ desayuna, se levanta/ los arcos del cejerío/ y se viste sin tardanza./ La agenda nunca perdona./ A las nueve, le amenaza/ Leire Pajín; después Blanco,/ Moratinos y Bibiana./ María Teresa a las doce,/ Méndez y Toxo reclaman/ una audiencia porque quieren/ más dinero esta semana./ Almuerzo con Eguiguren/ para saber cómo marchan/ sus charlitas con la ETA;/ una siesta en su butaca/ preferida. Otro café/ que la tarde siempre es larga./ A las cinco, al aeropuerto/ raudamente se desplaza/ pues tiene que inaugurar/ una nueva sede en  Ávila./ Cuando le dice el piloto/ que no hay en Ávila nada/ que sirva para posar/ el avión, algo se enfada/ y dice que no hay derecho/ que hay que construir en Ávila/ el aeropuerto más grande/ de las tierras castellanas./ Ya está Pepín Blanco haciendo/ el presupuesto de marras.

Pero en Ávila le gritan;/ pitidos en Santillana,/ abucheos en las calles/ en La Moncloa, pancartas,/ y harto de tanto meneo/ conecta con Rubalcaba./ «Alfredo ¿por qué me pitan?»/ «La verdad, que no sé nada/ pero me voy a enterar/ y después te llamo a casa»./ Y a las nueve de la noche/ Rubalcaba que le llama.
Romance del triste

«Me han contado los espías/ que la gente está enfadada./ Que no han sido del Pepé/ los de las broncas, que pasa/ que hay pensionistas jodidos,/ que hay jubilados que braman/ que hay parados cabreados/ que dicen que no te aguantan./ Nos quedan los cien del Cine/ que van a hacer una marcha/ hasta Génova exigiendo/ al pepé que dé la cara/ en la crisis económica,/ La Sexta, La Noria y basta».

Ahora se entiende y disculpa/ la tristeza de su cara.

Alfonso Usia/larazon.es

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