Mal de muchos

 Mal de muchos

Aunque algunos piensen que el mal de muchos sólo consuela a los tontos, es de gran ayuda sentirse acompañado en la adversidad. Por eso, a los ciudadanos españoles nos tranquiliza saber que el nuevo Gobierno del Reino Unido prohibirá los viajes en primera clase para todos los funcionarios públicos y suprimirá los coches oficiales asignados personalmente a los ministros, es decir, tendrán que compartir vehículo o utilizar el transporte público cuando sea posible. Da gusto escuchar al ministro del Tesoro británico que el resultado de ese recorte presupuestario se invertirá en educación y viviendas sociales. También calma bastante los nervios enterarse de que Alemania prepara un severo programa de austeridad. Y que Sarkozy está dispuesto a apretarse el cinturón de una manera drástica. E incluso el portavoz de Berlusconi promete “no meter la mano en el bolsillo de los ciudadanos” y emplearse a fondo en la lucha contra la evasión fiscal y la economía sumergida para reducir el déficit. El tiempo dirá si es verdad.
Estas medidas forman parte de lo que, con gran desdén por parte de los afectados, se ha dado en llamar el chocolate del loro. Su teoría es que de nada vale recortar los privilegios de los ricos o de quienes manejan la política y las finanzas, porque para reducir el déficit, aunque parezca injusto y discriminatorio, es imprescindible apretar las tuercas a los millones de asalariados de cuyo esfuerzo económico dependen los ingresos de las arcas públicas. Ya lo ha advertido el Fondo Monetario Internacional, es necesario limitar la negociación colectiva y flexibilizar el despido. Y seguirán reclamando más y más… hasta la victoria final.

Nativel Preciado/publico.es

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