Los mexicanos somos muy emprendedores

Los mexicanos somos muy emprendedores

Vivimos en un país de restricciones absurdas y, a la vez, México es el territorio privilegiado de la permisividad. Nuestras leyes garantizan los derechos más exóticos y previenen las situaciones más extremas. Ahí donde puede ocurrir un suceso excepcional, el enredoso legislador mexicano ya lo ha adivinado de antemano y ha dispuesto las reglamentaciones correspondientes. Pero, mientras tanto, los dueños de todo tipo de propiedades no tienen certeza jurídica alguna; los vecinos de un barrio residencial tiene que soportar la edificación de una escuela o un centro comercial; los creadores de un invento verán que decenas de imitaciones inundan el mercado y los poseedores exclusivos de una marca tendrán que acomodarse a su irrestricta e incontrolada proliferación.

Hay reglamentos que parecen diseñados deliberadamente para impedir la creación de riqueza y el fomento del empleo. Un amigo, dueño de una cafetería, esperó más de un año para obtener una “licencia” para vender cerveza en su establecimiento. El alcohol, por lo visto, es una sustancia muy sospechosa que no debe ser comercializada libremente: el comensal que quiera trincarse un vermouth o un bitter en la fonda de la esquina está condenado a visitar un “bar” propiamente dicho donde, encima, le cobrarán un ridículo sobreprecio por empinarse unos simples aperitivos. Al mismo tiempo, una vendedor de baratijas de contrabando podrá instalarse a sus anchas en cualquier espacio público y traficar libremente con mercancías robadas siempre y cuando, eso sí, haya pagado las cuotas que exigen los mafiosos de la zona.

Es muy difícil hacer negocios legales: es un asunto de trámites interminables y requisitos absurdos. Sin embargo, la ilegalidad es una especie de cultura nacional. Pareciera, justamente, que el sistema está diseñado para propiciar la trasgresión y obtener, a partir de ahí, beneficios adicionales. Me asombra, de verdad, que alguien pueda hacer negocios normales en este país. Los mexicanos somos realmente muy emprendedores.

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

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