Los herederos del pánico

Los herederos del pánico

Tardes como la del sábado provocan que el futbol sea eterno, duran tanto que son hereditarias, forman el patrimonio emotivo de un equipo. Son las fechas en el documento de identidad que aparecen en el acta de nacimiento de un fanático. Así es como nace una afición, va por los estadios heredando tardes, buscando títulos. Millones de personas en el mundo vieron jugar por primera vez al Inter, un club que había empequeñecido, no podía soportar su historia y cada tarde iba perdiendo herederos. La Champions devolvió al Inter de Milán algo más que un título.

Generaciones enteras se lo habían perdido, el Inter siempre había existido, pero nadie le tenía miedo, para verlo ganar hacía falta un libro con fotografías en blanco y negro. La cultura neroazurri se estaba quedando en los museos, parecía un ser mitológico al que se le atribuía la invención del catenaccio. Hasta que llegó Mourinho y con los escombros de esos recuerdos levantó un monumento a la temible memoria de este equipo.

Los herederos del pánico

El Inter regresó de la antigüedad, con un futbol arcaico logró ponerse de moda, ser del Inter hoy es la gran cosa. Tres títulos en la misma campaña jugando sin la pelota, derrumban las teorías que al mismo tiempo pero en sentido contrario había construido Guardiola. Con un equipo pretoriano en la cancha y legionario en la grada es como el catenaccio se vuelve una civilización.

Mourinho la ha perfeccionado jugando con solo un italiano en el campo. A días del Mundial el tenebroso poder de la eficacia desata el pánico, el Inter, su fundador y máximo exponente en la historia es culpable. La Copa se levanta un día, pero su fecha dura toda la vida, el fin de semana fue corto, pero sus tardes demasiado largas esperando para volver a verla.

Jose Ramon Fernandez jr./cartas oceanicas

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