Lo que pasa es que no nos quieren

Lo que pasa es que no nos quieren

El pueblo manda. El pueblo decide. El pueblo vota. El pueblo opina libremente. Es lo que ocurre en las democracias ¿o no? Pues, miren ustedes, la mayoría del pueblo soberano de Estados Unidos (de América) apoya la famosa ley promovida por la señora gobernadora de Arizona y sus congresistas afines. O sea, que nuestros queridos vecinos están de acuerdo con que a una persona le puedan pedir sus papeles en la calle por el simple aspecto que tiene, por su apariencia, su manera de vestir, el color de su piel, es decir, porque tiene pinta de mexicano. Es más: esta ley se puede multiplicar y reproducirse en muchos de los otros estados de la Unión Americana. Lo repito: los ciudadanos la apoyan.

Entonces, el problema que tenemos no es tan simple como señalar a una gobernadora en busca de réditos políticos y denunciar el carácter flagrantemente racista de sus propuestas. El tema es mucho más complicado: los yanquis no quieren convivir con los mexicanos y no quieren tener inmigrantes ilegales en su tierra. Eso es lo que dicen. Eso es lo que piensan.

Nosotros respondemos, naturalmente. Alardeamos de lo que sufrirían sin sus trabajadores mexicanos. Los imaginamos completamente desvalidos y arruinados sin sus lavaplatos y sus nanas y sus jardineros y sus repartidores de pizzas y sus recaderos y sus operarios de bajo salario. Es más, hemos producido por ahí una peli que se llama “Un día sin mexicanos” en la que el país más poderoso del mundo se derrumba pura y simplemente porque no hay nadie —“ni los negros”, que diría Fox— que quiera destapar las alcantarillas o limpiar las alfombras de los hoteles. Pero, con perdón, esa fecha fatal no ha llegado y lo que sí hay, allá, es un sentimiento de que los mexicanos deberíamos de quedarnos aquí, en nuestra tierra, en vez de instalarnos tramposamente en su país. Dicho en otras palabras, no nos quieren. ¿Qué vamos a hacer?

Ramon Revueltas Retes/mileniodiario

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