Las reflexiones de Sandoval

Las reflexiones de Sandoval
Con esta puta cara, ¿que esperaban?

Los mexicanos somos todos monstruos en potencia, pues lo traemos en nuestra herencia genética. Ésa es la interesante tesis del cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, quien además nos acusa de desleales por no haber aplicado, todos, una política de encubrimiento en el caso Marcial Maciel.

La verdad es que estoy horrorizado por la desfachatez demostrada por este sujeto, quien con toda la cara dura del mundo quiere embarrar a todos los mexicanos, particularmente a los michoacanos, con la mierda que fue regando a su paso el fundador de los Legionarios de Cristo.

Es inconcebible que amparado en su elevado cargo eclesiástico, Sandoval Íñiguez, con tal de tratar de limpiar la imagen de Marcial Maciel, diga tal cantidad de barbaridades y acuse, sin mayores pruebas que su elevado intelecto, a todos los mexicanos de ser “medio mañosos” y “medio dobles”.

Los argumentos del cardenal no sólo son estúpidos y faltos de fundamento, también demuestran un inusitado desprecio a la condición de ser mexicano.

Sandoval, al afirmar que el comportamiento bestial de Marcial Maciel tiene que ver con sus raíces mexicanas, no sólo le falta al respeto a todo un país, también demuestra que la visión que tienen los altos jerarcas de la Iglesia católica de nosotros los mexicanos es la misma que existía durante la época de la colonia, la que justificó una de las etapas más denigrantes en el trato a seres humanos que se ha dado en la historia mundial, con la venia de la Iglesia católica, la cual, en la voz de Sandoval Íñiguez, demuestra que su concepción no ha cambiando en nada.

Mi formación académica como psicólogo clínico me da elementos para saber que aun cuando los pueblos tienen rasgos comunes, es una estupidez el siquiera suponer que los desajustes emocionales que llevan a cometer monstruosidades como las de Marcial Maciel tienen que ver con el hecho de ser mexicano.

Dice este cardenal que hay que revisar la historia, desde Hernán Cortés, para entender por qué los mexicanos somos macieles en potencia.

La verdad es que no se necesita mayor esfuerzo para demostrar que sus señalamientos son, lo menos, absurdos, pues los desórdenes psicológicos de ninguna forma son privativos de un pueblo o raza.

Más que la solidez de sus argumentos, el tema no es si las declaraciones de este señor son ciertas o falsas, pues es evidente la ligereza de sus comentarios y la notoria ignorancia que demostró al hacerlos, no, el asunto aquí es que alguien, con tan alta jerarquía, sabedor del impacto de sus palabras, sea capaz de atentar de esa manera contra un pueblo cuyo único pecado fue no cerrar los ojos a los crímenes de un sacerdote.

El tema es que tenemos líderes católicos que amparados en sus investiduras son capaces de decir cualquier cosa con tal de proteger a sus compinches, aunque sepan, tal como el mismo Sandoval reconoce, los grados de locura a los que son capaces de llegar.

¡Pobre Iglesia! ¡Pobres mexicanos!

francisco.garduno@milenio.com

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