Guarreridas españolas

Guarreridas españolas
NO creo que podamos considerar a Chiquito de la Calzada como paradigma de lo que los andaluces entendemos por vergüenza. Y hasta al propio Chiquito, hombre-espectáculo de la poca vergüenza, le daría pudor hablar de lo que la consejera de Salud pone en publicaciones oficiales de la Junta de Andalucía. ¡Qué poca vergüenza tiene doña María Jesús Montero, qué poco pudor! No le estoy levantando ningún falso testimonio, sino que hago comentario de textos sobre lo que dice la Guía de Sexualidad para Jóvenes editada oficialmente por su Consejería, donde puede leerse: «La sexualidad no es sólo la penetración en la vagina, el ano o la boca. Es la capacidad de disfrutar de nuestro cuerpo, del cuerpo de la otra persona, del mismo o de distinto sexo…»
-¿Eso pone? ¡Qué guarrería!
Por eso citaba al principio a Chiquito. Chiquito, con la poca vergüenza que tiene Chiquito, nunca se atrevió a decir estas procacidades. Las mienta como «guarreridas españolas» en general. Y por eso digo que la consejera de Salud no tiene vergüenza, porque no le da pudor gastarse nuestro dinero en las guarreridas españolas que promueve entre las adolescentes, a quienes las propone como el ideal de la libertad, cual anuncio de pastillas de detergente para la lavadora y la palangana: a mano o a máquina. Para la Consejería de Salud no hay listas de espera en los hospitales ni esas tonterías: lo fundamental es «el gustirrinín que da la gachí con la filomatic», que cantaba en Cádiz la comparsa de Paco Alba.
Así que esta señora por aquí declarando el orgasmo obligatorio para las chavalas; la otra, gastándose un dineral en el levantamiento topográfico del mapa del clítoris; en los planes de estudio, los Talleres de Masturbación; y en Educación para la Ciudadanía, apología de la homosexualidad. Y los de Igualdad, diciendo que igual da por detrás que por delante, con macho que con hembra. Da hasta asco, o por lo menos pudor y vergüenza, citar todo lo que han montado para la perversión sexual de la barra libre del «todo vale» para los jóvenes de la píldora del día después, sin la menor referencia a la moral, la ética o al irrenunciable derecho de los padres a la educación de sus hijos. ¿Para esto mandan las madres a sus hijas a la escuela, para que les enseñen las técnicas del gustirrinín de la filomatic?
Como a la vista de su actuación política se ve que no tienen no sólo ni vergüenza ni pudor, sino ni siquiera moral, no puede decirse en puridad que tengan una doble moral. Pero sí la tienen. O dos varas de medir. A mí todo esto de la oficialización de las guarreridas españolas en los colegios me llena de perplejidad. ¿Para qué tanta Ley del Menor, tanta protección de la infancia, tanto Defensor del Menor, tanta multa a las madres exhibidoras de niños por los platós y tanta obligación de tapar los ojos de los chavales cuando salen retratados en los periódicos o filmados en la tele, si luego esos mismos menores tan protegidísimos por las leyes, de cintura para abajo son pervertidos sexualmente de una manera no sólo oficial, sino obligatoria, en los mismos colegios, por orden de la autoridad y según sus planes de estudio? No quiero levantar ningún falso testimonio, pero lo que hacen con su política de guarreridas españolas oficiales me parece sencillamente perversión de menores. Antes el pervertidor de menores era un tío satirón en cueros con una gabardina por lo alto, que se la abría cuando las chavalas salían del colegio. Ahora el pervertidor de menores es el Estado y sus autoridades, que se abren la gabardina dentro de clase, desde el BOE, en las publicaciones oficiales de las consejerías, les enseñan a las chavalas el mandado y decretan el orgasmo obligatorio. Me pregunto perplejo: ante esta perversión de la infancia y adolescencia promovida desde el poder, ¿dónde está el Defensor del Menor?
Antonio Burgos/abc.es

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