El Subjefe Diego y el Estado fallido

El Subjefe Diego y el Estado fallido

Si una palabra define los últimos 20 años del México contemporáneo ésa es secuestro. Ahí se concentran todos los medios y los miedos. Del Mochaorejas a Caletri y Los Zetas, de Fernando Martí a la hija de Nelson Vargas, pasando por decenas de víctimas anónimas desprovistas de glamour e influencia, el plagio es un negocio de millones de dólares, fuente de empleos y de movilidad social que ningún gobierno y ninguna procuraduría ha podido combatir más allá del triste espectáculo mediático de la seguridad convertida en moneda de cambio de los intereses políticos de los partidos en turno.

Hasta ahora ningún alto funcionario relacionado con la seguridad ha reconocido su incapacidad para aplicarle un alto a la impunidad ni ha renunciado al cargo ante la evidencia de su ineficacia. Antes muertos que caer en el error de quedarse fuera del presupuesto.

Es por eso que la desaparición de Diego Fernández de Cevallos, ocurrida en un ambiente propicio para la comisión de cualquier canalla en México, no es extraña. Incluso, dados los últimos sucesos: el asesinato de un candidato panista, las amenazas de aspirantes perredistas, los balazos a un convoy priista, 23 mil muertos en la narcoguerra, de los cuales 4 mil son niños transformados en alimento para los daños colaterales, era de esperarse. Una figura pública de la polémica talla del Subjefe Diego tenía que formar parte de las estadísticas negras para confirmar lo que ya se sabe: que esto es un desmadre. Lo que sí es curioso es que hasta el día de ayer, la PGR hablaba de la desaparición y no del secuestro, levantón o plagio de Fernández de Cevallos. Además del imperio del crimen organizado, lo que sigue es el imperio del eufemismo.

Como si no fuera suficiente con el maquillaje de cifras y el aburrido discurso de que la violencia en México es producto fundamentalmente de la percepción negativa de los antipatriotas, todavía tenemos que soplarnos que en el caso del poderoso ex senador se recurra a un lenguaje edulcorado y cursi que, para mala suerte de las autoridades policiacas, no cambia un ápice la realidad.

Tuvo que ser el presidente Zapatero el que hablara del plagio de Fernández de Cevallos.

El Subjefe Diego y el Estado fallido

Ni siquiera, al momento de escribir estas líneas, la PGR había aceptado que lo del Subjefe Diego podía seguir líneas de investigación que estuvieran relacionadas con su condición favorita, además de la acumulación de enemigos: ajonjolí de todos los complós.

Cualquier duda que hubiera sobre la firmeza de un Estado fallido se ha disipado del todo. Lo que sigue es la supervivencia.


jairo.calixto@milenio.com

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