El nuevo ateismo

El nuevo ateismo

Nadie lo vio venir, pero desde el año 2004 numerosos libros de autores como Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Daniel Dennett y Sam Harris —los llamados cuatro jinetes del nuevo ateismo— se han posicionado en la lista de los mejor vendidos en el mundo. Sí, naciones como Estados Unidos que proclama en sus billetes “en Dios confiamos” viven un debate público entre la fe y la racionalidad.

Bajo la pregunta “¿Dios realmente está muerto?” —en referencia a la famosa portada de Time Magazine del 8 de abril de 1966— la revista Philosophy Now, en su edición de abril-mayo, reúne varios artículos para tratar de esclarecer el movimiento de “El nuevo ateismo”. A continuación presento algunas de las ideas allí expuestas.

Primero lo primero: ¿Qué es eso del ateismo? Para mucha gente significa no creer en Dios. Pero ¿qué significa Dios? El ateismo se ha fundamentado en la negación de la existencia de un ser supremo como lo definen las religiones monoteístas, prioritariamente: judaísmo, cristianismo e Islam: “un ser supremo, auto-consciente, omnipotente, omnisciente, justo y benevolente”, creador del cielos y la tierra con todo lo que ello contiene; quien es independiente y se distingue de lo que ha creado.

Esta perspectiva supone la compatibilidad en un solo ser de lo que Andrew Pessin llama atributos clave: “omnipotencia (todo poder), omnisciencia (todo conocimiento), bondad perfecta, eternidad, inmutabilidad y demás”. A lo largo de la historia muchos pensadores se han preguntado si tales atributos pueden ser compatibles. Paul Cliteur en su artículo “The varieties of atheist experience” reúne algunas de estas preguntas: Si Dios es omnisciente por ende conoce el futuro, entonces ¿cómo podemos tener libre albedrío?, pues el determinismo debería ser cierto, pero si Dios no es responsable por la maldad humana, entonces el determinismo debe ser falso. ¿Qué estaba haciendo Dios antes de crear el mundo? y ¿se puede obligar a un ser omnipotente a ser justo y bondadoso? Clieur señala que quienes afirman que sí son compatibles dichos atributos, han sido llamados “teístas”; quienes lo niegan, “ateos”.

Sin embargo, ¿qué hay del politeísmo?, ¿qué hay de quienes conciben a Dios de una forma diferente al monoteísmo? Según esta definición de ateo, un politeísta puede considerarse ateo pues niega la concepción monoteísta de Dios. Los argumentos que desafían el monoteísmo no son válidos con el politeísmo u otra forma de creencia sobrenatural, pues cada una tiene características propias. Por ello algunos pensadores han propuesto que ateismo debe entenderse como la negación de cualquier Dios o dioses, independientemente de sus atributos. A esta definición hay quienes la consideran “El ateismo dogmático” pues en lugar de sostener argumentos racionales que desacrediten una creencia irracional, terminan por promover la “no creencia”. Pero no nos perdamos en un examen de definiciones, finalmente lo relevante es cuestionar y debatir las ideas públicamente.

¿Qué hay de nuevo en el ateismo? La portada de la revista Time del 8 de abril de 1966 es relevante porque mostró una sociedad dispuesta a cuestionar abiertamente las creencias de sus fundadores. Aún así, durante cuatro décadas el ateismo sólo penetró en una minoría marginal, pero ahora las cosas parecen estar cambiando. Muchos ciudadanos que se consideraban creyentes decían no tener tiempo para participar en sus iglesias, vivían de forma secular y se mostraban indecisos o indiferentes ante el debate ateo-religioso, esta fue la actitud de una aplastante mayoría, hasta ahora. Dice un aforismo “no hay converso que no sea radical”, y me parece apropiado para describir la creciente polarización que hay en temas religiosos, porque cada día hay más fundamentalistas pero también más ateos.

Una fuente del renovado interés por el ateismo, es la inserción de la ciencia en la cultura popular, el debate entre creacionismo y evolución es el ejemplo arquetípico de ello, pero no el único. Los autores del nuevo ateismo no sólo cuestionan las atribuciones de un ser supremo, también usan la ciencia para desmantelar los dogmas de la fe (Dawkins), examinan la religión como un fenómeno natural pero prescindible (Dennett) y emplean la retórica para señalar las atrocidades que en nombre de la religión se han cometido (Harris y Hitchens).

Probablemente la marca distintiva del nuevo ateismo sea su creciente popularidad: lo encuentras en los medios y en las charlas de café, se transmite en un lenguaje sencillo y provocativo, se fundamenta en ideas ampliamente difundidas, nunca deja de preguntar, y lo más relevante es que tiene una correlación significativa con altos niveles académicos y de IQ.

El lector puede consultar las participaciones de Hitchens, Harris y Dennett en el festival La Ciudad de las Ideas 2008 y 2009 en www.ciudaddelasideas.com, Dawkins participará este año.

Andres Roemer

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