EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

 

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

Fiesteros, confiados, amistosos, anfitriones de primera, con valores familiares, unidos, trabajadores, solidarios, ingeniosos y gigantes de la Concacaf…, son unas pocas de tantas mentiras o mitos que nos encanta repetir sobre nosotros mismos aunque ninguna sea verdad. Negarlo, además, nos convierte en antipatriotas. Cuando Octavio Paz escribió el Laberinto de la Soledad hubo quien le dijo que era una elegante mentada de madre para el mexicano. Ese libro que le dio fama mundial y que colaboró con su Nobel de Literatura, es muy poco leído en México porque dice cosas muy feas de nosotros.

Aquí preferimos la versión de Chava Flores que decía: “Sólo puede hablar de México quien lo conoce, pero sólo DEBE hablar de México quien lo ama”. Claro, bajo el concepto de que el amor es ciego, se pretende que quien ama a nuestro país sólo dirá cosas hermosas de él, supongo que aunque para ello deba de mentir o padecer del Síndrome del ciego que no quería ver; es decir, la ceguera selectiva. Y como con apenas dos párrafos ya he de estar recibiendo el mote de antipatriota de parte de varios, pasemos a las explicaciones.

Al mexicano le encanta vivir en el pasado, tal vez derivado de que nuestro futuro nunca tiene buenas expectativas; lo malo es que nos aferramos a un pasado que ya se fue o a uno que de plano nunca existió. En términos históricos, por ejemplo, nos encanta repetir aquello de que tenemos un pasado glorioso, y nos soltamos hablando de los mayas, los aztecas y demás culturas mesoamericanas, y nunca reflexionamos en que los aztecas son aztecas y los mayas son mayas…, ninguno de ellos es mexicano, por más que la historia posrevolucionaria se empeñe en dejarnos en estatus de azteca conquistado y nos tenga en el conflicto de identidad de aferrarnos a lo indígena sin reconocer la herencia hispana. Pero esa es otra historia, que ya he contado y seguramente volveré a contar.

Seguramente si fuimos una sociedad con grandes valores familiares y muy trabajadores y muy buenos anfitriones y creativos y todo lo demás…, bueno, hasta Gigantes de la Concacaf. Pero todo eso ya fue, lo dejamos hace como treinta años aunque nos empecinemos en que lo somos aún. Nos encanta además compararnos contra el gringo, y contra su poderío económico nosotros tratamos de esgrimir el poderío moral. Tendrán mucho dinero, decimos, pero no tienen valores familiares…, pues nosotros tampoco, somos un país donde 2 de cada 3 matrimonios terminan en divorcio y donde hay de los mayores índices de violencia intrafamiliar. ¿De cuál valor familiar hablamos?, ¿del machismo?

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

Golpes, drogas, divorcios, embarazos a los 14 años, violencia activa y pasiva, pederastia a todos los niveles. ¡Qué grandes valores sociales! El que no tranza no avanza, buen valor; al que madruga Dios lo arruga, que laboriosidad; al que agandalla Dios lo acompaña, que honestidad; quedó hecho a la mexicana, que creatividad; pero sigo siendo el rey, que respeto a la mujer; pobre pero honrado, que culto a la pobreza y vilipendio a la riqueza.

Los gringos serán potencia, pero no tienen nuestro pasado glorioso…, y ni les importa. Además de que ese pasado tampoco lo tenemos nosotros. Queremos ver nuestro pasado, vamos a asomarnos al siglo XIX, cuando nacimos y estuvimos llenos de posibilidades que desperdiciamos matándonos entre nosotros hasta culminar con la masacre espectacular a la que llamamos revolución. Pero eso si, nos ganaran en lo que sea menos en futbol, porque somos el gigante de Concacaf.., ¡bueno!, si llevan destrozándonos los últimos ocho años, valiente gigante de pies de barro. Y aún así, si se le pregunta al futbolista dirá que aún no son mejores que nosotros, aunque nos ganen. Me recuerda al filósofo Hegel, quien decía: “Si la realidad no se adapta a mi teoría, peor para la realidad.

Pero para muestra un botón, uno muy grande y evidente. Si fuéramos todo lo que decimos que somos seríamos una potencia mundial, y no lo somos. Claro que ante ese argumento nos escudamos en la teoría del complot: el árbitro, los jueces, los ricos, el capitalismo, la globalización, el gobierno, Salinas de Gortari, los gringos, los gachupines, los extranjeros, los vendepatrias…, cualquiera sirve como culpable ficticio que justifique nuestra caída realidad y nos haga poder seguir viviendo en el mito de nosotros mismos.

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

El mexicano es individualista, por eso gana en box y no en futbol, por eso triunfa en clavados pero no tiene deportes de conjunto; el mexicano es desconfiado, por eso teme a la globalización y considera malinchismo todo gusto por lo extranjero; el mexicano es cerrado, por eso se amilana ante el cambio. Seguimos instalados en el mito en vez de confiar en la ciencia: clavamos un cuchillo en el pasto en vez de consultar al meteorológico, le pedimos trabajo a la virgencita en vez de a un reclutador; dejamos nuestro futuro en manos de Dios en vez de en las nuestras; le pedimos pareja a un santo en vez de esmerarnos en merecerla, nos quejamos de pobreza, pero millones de personas dejan de trabajar más de un mes para visitar a la versión castellanizada de Tonantzin; no hay dinero, pero pueblos enteros gastan ahorro de un año en una fiesta o en vestir a un niño Dios, en vez de invertirlo.

Y digo tantas cosas que parecen feas de mi México precisamente porque lo amo, pero no soy ciego; lo amo y me llena de coraje, me correo las entrañas ver a China por encima de nosotros cuando era una miseria hace unas décadas; me resulta terrible que Angola crezca más que nosotros, me insulta que una España que hace 40 años echaba migrantes ahora sea inversionista mundial y nosotros, que recibíamos a los españoles, arrojemos migrantes; que Irlanda y sus bebedores de cerveza recalcitrantes hayan logrado ponerse de acuerdo por el país y generar un milagro irlandés, que no es causa de San Patricio sino de los irlandeses; que un pantano como Singapur, que hace 40 años rogaba por ser aceptado en algún país hoy sea del tamaño del DF y genere más que toda la República; que el destrozado por los gringos Vietnam, reciba más inversiones que el autodestrozado México.

Me llena de rabia ver al México que siempre he querido hundido en su pasado, con un ancla enorme y una más grande venda en los ojos; un México que no supera los golpes como forma de atender conflictos, cuyos parasitarios representantes viven de su consuetudinario saqueo mientras su pueblo vive en la apatía y en la justificación de la miseria. Un México que vive del mito de sí mismo y sin mirarse en el espejo de la realidad, donde las declaraciones son más importantes que los hechos y donde tenemos que reafirmar nuestra identidad de forma agresiva gritando: ¡Viva México Cabrones¡

Somos tan fiesteros que gastamos lo que no tenemos, vivimos de fiesta y en ebriedad para evadir la realidad, desconfiados de conocidos y extraños, anfitriones de doble cara que recibimos de gran sonrisa al gringo con sus dólares mientras pensamos ¡pinche gringo!, tan ingeniosos que nos sobran recursos para transar, trabajadores a menos que la virgencita o un santo requieran de nuestra fiestera holgazanería, con valores familiares de 10 de mayo y valores patrios de 15 de septiembre.

Mirar al pasado ayuda a comprender la vida, pero sólo voltear al futuro ayuda a vivirla. Como el adicto de cualquier tipo, el primer paso para solucionar un problema es aceptar que se tiene. El mexicano puede aceptar que estamos como estamos porque somos como somos, o vivir en la fantasía de que somos lo máximo aunque el mundo entero demuestre lo contrario como parte de un complot mundial contra el país.  Ojalá tomemos la libre elección de despertar y dejar de vivir del mito de nosotros mismos. Si hacemos ese propósito tal vez cambiemos nosotros y por consecuencia lo haga el país, tal vez salgamos de pobres, y en una de esas, hasta le ganamos a Estados Unidos en futbol.

Juan Miguel Zunzunegui

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