El jardín enrejado

El jardín enrejado


Que si la reelección o la remoción. Que si le bajamos al número de legisladores o si el Congreso debe dar el vo. bo. al gabinete. Mera guarnición. Tan discutible como prescindible.

De todos los puntos que contiene la propuesta de reforma política enviada por el presidente Calderón al Senado de la República para su discusión y eventual aprobación, modificación o rechazo, hay uno, solamente uno, que constituye una auténtica palanca maestra capaz de cimbrar y transformar las estructura del sistema.

No es preciso que sea usted un anciano taumaturgo, agudo lector, para adivinar de cuál se trata. En primer lugar porque soy yo quien lo considera así y, en la entrega de hace quince días, ya mostré mi apuesta y mi mano. Pero en segundo lugar porque eso parece. Y lo parece tanto que no tiene otro remedio que serlo. Los demás puntos, qué quiere que le diga.

Que si la reelección o la remoción. Que si le bajamos al número de legisladores o si el Congreso debe dar el vo. bo. al gabinete. Mera guarnición. Tan discutible como prescindible. Vamos cambiando las reglas de la canasta sin que deje de ser uruguaya.

Ese único punto, pues, que sí puede mover tapetes en serio, y convertir la canasta en bridge, es la introducción de la figura de las candidaturas independientes. Independientes de los partidos, entendámonos. Únicamente en el sentido de que no son planteadas y postuladas por ninguno de los partidos políticos registrados. Hay quien las llama “candidaturas ciudadanas”, pero es una denominación que yo rechazo. Como si los partidos no fueran ciudadanos. Para bien o para mal, lo son. E integrarlos es un derecho ciudadano irrenunciable.

Tan irrenunciable como el de pasar por fuera, el de ir por la libre. De hecho ambas opciones no deberían poderse entender la una sin la otra. Es ahí donde el Cofipe, al denegar la segunda, patina gacho. Frente a la estructura, el orden, las jerarquías, las burocracias y los procedimientos partidarios, se alza la frescura, la desenvoltura, la agilidad, la creatividad, el desorden y el albedrío asamblearios. No hay, no debería haber, monedas con una sola cara. Así, no hay quien eche volados.

Iniciativa por México, el agrupamiento que lanzamos al ruedo hace tres semanas, se plantea en general luchar por la admisión y legislación de los candidatos independientes, y en particular organizarse y movilizarse en torno a alguno, en las elecciones federales de 2012. Uno a la Presidencia de la nación, y otros a distintos cargos y niveles: municipales, distritales o estatales. Nos lanzamos al ruedo como espontáneos. Porque no estábamos en el cártel. Pero, sin asomo de duda, como espontáneos expertos. Esas astas y esa lidia, ya la conocemos.

Pero de ninguna manera nos pronunciamos en contra de la indispensable figura política de partido. Nos alzamos, eso sí, en contra del decaimiento y la degradación, la desnaturalización de la política en que han incurrido, cada uno a su manera, pero de manera unánime, los partidos políticos realmente existentes y actuantes aquí y ahora. Este no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. De acuerdo. Es una auténtica pandemia, que no respeta ni colores de piel ni pibs per cápita y que se ha extendido e instalado a lo largo de los meridianos y a lo ancho de los paralelos. Ha de ser el signo de los tiempos.

Somos internacionalistas. Internacionalistas y soberanistas. Y es contra ese signo que nos movilizamos. Desde nuestra órbita, nuestra perspectiva y en el ámbito que nos corresponde: México. Sabemos de iniciativas semejantes, tanto en forma como en espíritu, en distintos rincones del planeta. A lo mejor entre todos sí conseguimos arbolar el paisaje y enderezar el horizonte.

Tal como temíamos, el Senado se fue de vacaciones sin abordar la cuestión. Procrastination. Es comprensible. Aunque prometen vagamente un periodo extraordinario, la cosa es preocupante, porque la discusión no va a ser sencilla y no podrá resolverse como mero trámite. La aprobación de las candidaturas independientes, y la correspondiente reforma al código electoral, debe ir acompañada de tres condiciones nada banales e indispensables:

a) Que la nueva ley entre en vigor con tiempo suficiente para que sea aplicable a las elecciones de 2012. Ni Por México ni México aguantan una espera de otros seis años así. b) Los nombres de los ciudadanos que por ley habrán de respaldar la candidatura habrán de ir acompañados únicamente del número de registro en el IFE. De ninguna manera habrán de exigirse signaturas autógrafas.

Es preciso que los copartícipes de la iniciativa puedan contar con el auxilio de los métodos informáticos en vigor y, muy en particular, con el instrumento obligado que constituyen las redes sociales. De todos modos, el IFE, para validar los nombres deberá recurrir a una muestra aleatoria, y la presencia de la firma no añade ni una pizca de certeza al escrutinio.

Y c) La propuesta presidencial exige que esos nombres sean en número igual o superior a 1% del padrón. Obviamente, al redactarla estaban pensando en pueblos perdidos en la serranía. Sus miras no van mucho más allá. Ya lo sabíamos. Pues eso quiere decir que un candidato a la Presidencia requeriría del apoyo de 770 mil personas. Órale. Como el triple de las necesarias para registrar un partido. Recontraórale.

Conozco una sola persona en este país que pueda reunir en un dos por tres esa cantidad de adhesiones: Elba Esther Gordillo. Los legisladores, los representantes del pueblo, están obligados a corregir esa enormidad, en ambos sentidos, de la palabra. No lo solicitamos, lo exigimos. Nos enseñan el jardín y le ponen, no un candado, sino una reja electrificada.

Marcelino Perelló/exonline.com.mx

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