El euro y sus tiburones

El euro y sus tiburones

Hace sesenta años nadie hubiera dado un euro por la Unión Europea. Me refiero desde el punto de vista de una unidad económica, política, social e incluso cultural. Han pasado casi sesenta años desde que se gestó el embrión de lo que es hoy la Unión Europea y nadie, a pesar de los veintisiete países “unidos”, se cree esa unión que más parece ficticia que real.

¿Qué tiene que ver un español con un británico? La lengua es distinta, la religión también. Al español le gusta comer bien y sano. El británico come comida chatarra además de que sus gustos culinarios son demasiado primarios. El español cena a las diez, el británico a las cinco y a las ocho se va a dormir cuando en España comienza la vida. La moneda incluso es distinta. Mientras nosotros circulamos en euros ellos siguen con el proteccionismo de la libra esterlina. Nosotros somos iberos, ellos celtas. A nosotros nos gusta el vino, a ellos, la cerveza amarga.

Pero lo mismo podemos decir del resto de los países y sus concomitancias entre ellos. La verdad es que apenas sí tienen que ver. Y eso que vivimos en un mundo donde la globalización se ha convertido en un credo. Si a eso le unimos la decadencia europea, no por vieja sino porque hemos abusado de los modelos vetustos, nos encontramos en el momento en el que estamos en la actualidad.

A los europeos, en realidad sólo nos une la moneda común, el euro. Y cada vez menos. Es muy preocupante la situación de abismo económico que vive Grecia. Lo es aún más que economías como la portuguesa, la irlandesa, la italiana o la española esté a merced de los especuladores que se mueven como tiburones en el océano de los mercados internacionales. Porque los Estados son demasiado serios para vivir del rumor. Mucho menos que tengan que convertirse en victimas de la especulación.

Lanzar rumores de que España no puede hacerse cargo de su deuda, de que no es confiable, de que sigue el rumbo de Grecia sólo hace tambalearse a la bolsa y a los mercados, además de desprestigiar al país. Mientras nos empobrecemos todavía mas, con los especuladores bursátiles, los tiburones salen a la superficie y se comen todo lo que pueden en forma de suculentos emolumentos, en forma de miles de millones de euros. Lo peor de todo, es que los Estados y sus dirigentes no pueden hacer nada, salvo salir a los medios de comunicación para intentar tranquilizar a los mercados y a las opiniones públicas de sus países.

No tenemos sistemas regulatorios que frenen a los depredadores y a estos sujetos le da igual si se cae Grecia o Portugal o todos a la vez. El juego del mercado es el juego del mercado.

Ahora van por el euro. No sólo ellos. Desde Asia y Estados Unidos también se ve a la moneda europea con cierto recelo. Por eso si alguna ve Europa estuvo unida, debe ser de verdad ahora. Tenemos que olvidar diferencias, religiones, idiomas e idiosincrasias. Debemos olvidarnos de la egolatría para ser solidarios. Tenemos que ayudar a Grecia y al resto de Grecia, para que puedan salir. Sólo así, podremos salir adelante. Sólo así, haremos que Europa comience a crecer como lo hacia antes. De lo contrario, los especuladores y los que no lo son habrán ganado la batalla.

Alberto Pelaez

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