El dolor de Cristiano

El dolor de Cristiano

Es tan duro con su otro yo, que le habla de usted. Cristiano comprueba que el deporte es un estudio visible del material invisible que compone a las personas. Pocos atletas de conjunto son espíritus. Sólo Maradona y Michael Jordan (hasta donde alcanzo), demostraban que jugando por sus equipos despachaban mano a mano la victoria. Al final de cada juego eran solitarios, es el triste estado del campeón. Un don insoportable que los obligaba a ganar siempre. Indispensables, infalibles, independientes. Cristiano es uno de ellos. Esta noche no es el mejor jugador del mundo; hasta después del Mundial, seguirá siendo Messi. El peligro es que lo sabe y eso atenta contra sus instintos, hace de la rebeldía disciplina.

Es complicado ver espectáculos como el suyo, no se trata del partido donde hace tres goles arrastrando 100 millones de euros y estibando 100 años de historia con Real Madrid. El show de Cristiano es verlo entrenar, ahí produce un milagro diario. En su metódico rictus, da la impresión que llega a odiarse, siempre está olvidándose del futbolista que fue hace un minuto. Perder un poco cada día lo vuelve ganador. Habla todo el tiempo pero lo hace solo, discute consigo mismo, se felicita poco, se queja de su sombra. Hay días que da pena mirarlo destrozando su ego. Kaká y Raúl han tenido que tranquilizarlo a mitad de una práctica. Ver sufrir a este deportista en carne viva es entender que ganar, duele más que perder.

Desde cuando hay que morir para ser leyenda, desde cuando hay que irse para completar el álbum. No hacen falta monumentos ni recuerdos. Luchar diario, es empezar siempre. No se trata de buscarla, se encuentra entre mil derrotas, la victoria es conocerla tanto, así no duele, así se quiere más.

Jose Ramon Fernandez jr./mileniodiario

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