Divagaciones durante un apagón

Divagaciones durante un apagón

Estaba negra, palpable la noche. No se alcanzaban a ver las copas finales de los hermosos árboles enfrente de mi casa, era la tenebrosa oscuridad de la fiebre, de los sueños, de la muerte. Lo que da miedo, lo irremediable sin la luz eléctrica, sólo más tarde la temblorosa llama del sirio pascual siempre listo en mi casa por si alguien se moría. Madre. En la tenebra me recosté entendiendo: no había luz eléctrica, ni teléfono, ni por supuesto la atorrante televisión embaucadora. Traté de leer con la vela, como Tolstoi escribiendo La Guerra y la Paz… imposible, los ojos se volvieron dos globos supongo colorados. Afuera lo oscurísimo dejaba la colonia sumida en una pegosteosa formidable nada… me hundí en la siempre sabida muerte. Miedo, por supuesto. Acababa de leer la catástrofe que es ahora nuestra patria, el mundo…el niño sentado en una sillita en medio de un cuarto vacío sosteniendo el techo con vigas porque afuera está la construcción de la línea 12 del Metro… La cara cerúlea, vendada, de un aparente Fernández de Cevallos (mi abuela era Ceballos) en cautiverio y desnudo… Todos los del gabinete bizcos… La iglesia en lugar de meter el orden en los calzones de los niños, discurriendo mensadas de si es católica, apostólica y romana…El dolor por Cariño y Jaakkola. El petróleo matando a los animales sagrados de Dios (los caballos y los perros son nobles…los burros son santos) (los más inocentes los del mar contaminado)…La pobreza del planeta (“pobre gente toda la gente” Pessoa). La pericia crudelísima de los bancos. Los patéticos sueldos de nosotros los periodistas honrados. La ancianidad de mi perrito bamboleante. Mi piel, mi estomago, mis ojos, mis desalmados médicos, mi hermano el doctor muerto, mi soledad de 24 horas, la ingratitud de mis iguales, el desgarrador intento de no volver a escribir jamás un libro . Mi mamá, mi papá, mis amores, Nueva York y yo hincada frente a mi primer Greco. La catedral de Notre Dame vista desde un camión llevándome fuera de París. Matan a golpes a un detenido en Irapuato. Los gusanitos de maguey que no comeré este año. El sufrimiento animal. La celestial águila de la bandera mexicana que está pintando Carmen Parra y que nunca poseeré. Los niños maltratados que me despiertan a la duermevela. La limosna ganada con mi novela Fuimos es Mucha Gente después de diez años… Los honorarios que no obtendré por la reedición gratis de Las Cosas, un libro mágico mío publicado en Guanajuato…Los óleos que vendo y nadie compra…Lo conseguido en “honorarios” y lo pagado a cada médico: el pielólogo, el estomaguero, el ojero, el oidor, el de las muelas, el piesero…y así…al chas-chas…

Maria Luisa Mendoza/exonline.com.mx

*Periodista y escritora

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