Desespaña

Desespaña

Que venga un catalán a explicarme por qué tiene que haber embajadas de la Generalitat cuando no hay dinero para las pensiones. Que venga un andaluz a aclarar por qué un albañil de Lugo que contrata 25 jornales no puede tener PER y en cambio un trabajador del campo jienense, sí. Que venga un castellano manchego a decirnos por qué el agua de los ríos de la naturaleza es propiedad de quienes viven al paso del cauce. Que venga un vasco a explicarnos por qué las razas aisladas son superiores y un madrileño a ponderar quién es el dueño de la capital. Que venga un funcionario a mostrarnos por qué no puede prescindir de cien euros cuando el parado lleva un año sin empleo. Que establezca uno que tiene un millón de euros por qué no puede pagar más impuestos, si la que está embarazada se queda sin auxilio. Que me diga uno que habla gallego por qué es mejor que el que versifica en castúo. ¿Por qué es mejor el cosmopolitismo que el terruño? Porque te abre horizontes. ¿Por qué es preferible la nación a la autonomía? Porque amplía lazos. ¿Por qué es mejor el bien de muchos que el de uno? Porque abarca más corazones. Qué difícil, ponernos por un instante en el pellejo de otros. España son millones de almas mirándose el ombligo. Presas de un narcisismo de lo más estúpido, de un egoísmo estéril. Camino llevamos de quedarnos sin subsidios, sin embajadas, sin pensiones, sin empleos. Nos quedarán las fronteras, la autonomía, la embajada, la raza y el cauce. Ustedes me dirán para qué.

Cristina L. SCHLICHTING/larazon.es

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