Culpemos a Arizona…

Culpemos a Arizona…

Como si fuera una epidemia, se propagan todo tipo de acusaciones —la inmensa mayoría con razón y fundamento— contra la gobernadora y el congreso del estado de Arizona por haber aprobado una ley que autoriza, a las policías estatal y de los condados, a detener a todo sospechoso de ser indocumentado. Estas detenciones se realizarían incluso sin que exista “causa probable” ni pruebas ni evidencia ni orden de arresto.

Esta Ley viola: el supuesto de “causa probable” y el “proceso debido”, pues se arroga el derecho de detener a quienes los patrulleros o policías, en funciones de jueces, decidan deportar, con lo que contraviene la tesis de la Suprema Corte de ese país que impide que los estados asuman la aplicación de leyes que competen al gobierno federal.

La gobernadora y el congreso local de Arizona han destapado la metafórica lata de gusanos que amenaza con atacarlos. Todo indica que dicha ley no tiene futuro y será derogada. Queda claro, sin embargo, la valoración de los migrantes como simples monedas de cambio en complejos juegos de la economía o el poder.

Se soslaya que los migrantes sostuvieron durante cerca de diez años el boom de la industria de la construcción que hizo de Arizona un destino privilegiado, tanto de fuertes inversiones como de personas que trataron de aprovechar las posibilidades que ofrecían las leyes de EU para comprar un segundo hogar, y evitar o diferir así el pago de impuestos.

Arizona atrajo miles de trabajadores de México quienes contribuyeron —con su trabajo, con el sudor de su frente— a este boom de nuevas casas, muchas de las cuales seguirán desocupadas por un buen rato hasta que las cosas mejoren en EU, pues muchos trabajadores perdieron su empleo.

Más que culpar al gobierno de Arizona por su ley, los políticos mexicanos necesitan reconocer sus errores al hacer casi inevitable la emigración masiva de mexicanos a Arizona que, sin papeles, corren ahora el riesgo de ser deportados y perder el patrimonio que habían logrado acumular.

Condenemos, critiquemos y denunciemos a Arizona; pero no olvidemos que los mexicanos somos responsables de la sangría migratoria por no crear suficientes empleos remunerados en México, ni leyes que simplifiquen trámites para abrir una microempresa o promover el autoempleo. El mismo Congreso que hoy aprueba rápidamente puntos de resolución para condenar a las autoridades de Arizona y apoyar boicots, es el mismo que no logró aprobar las reformas necesarias para promover el empleo en México y, dicho sea de paso, tampoco logró avanzar en la regulación de los medios de comunicación.

Cuando el Congreso, los políticos y las instituciones mexicanas fracasan, empujan a millones de mexicanos a migrar, sin importar qué tanto nos odien en Arizona y otros estados de EU y prefieren lidiar con ese odio y esa discriminación; porque, como dicen los toreros, “más cornadas da el hambre”.

Está bien que nos duela la discriminación a nuestros compatriotas y que nos indigne que se violen sus derechos, pero también debería dolernos que no encuentren en su patria oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. ¡Qué bueno que actuemos unidos en esto! ¡qué mal que no exijamos a nuestras autoridades que hagan su tarea para que tantos mexicanos no tengan que salir de su país! Presionemos para que el gobierno no siga gastando tanto y tan mal en lugar de reactivar la economía y promover las reformas que urgen.

Manuel Gomez Granados/exonline.com.mx

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