Como en la canción

Como en la canción

No me gusta conducir, no me ha gustado nunca. Creo que desde el día mismo que me saque el permiso de conducir ni uno solo de los que me he puesto al volante me ha gustado. Es un instrumento, ni más, ni menos. He pasado nueve años en esa carretera yendo y viniendo al conservatorio y sin embargo no me ha costado ningún trabajo hacerlo a pesar de la media o tres cuartos de hora de coche, y esto es lo extraño.

Ahora de nuevo estoy en el camino otra vez aunque por motivos solamente parecidos y todas las noches voy, y vuelvo, observo el ir y venir del personal enlatado en sus vehículos, que me imagino que a esa hora no pueden por menos de volver a sus casas de un trabajo que les aleja mas o menos de ella cada día.

Pongo la música y veo el cielo, Marte allá enfrente como una estrella grande de color rojo estos días, la luna de las mil y una noches brillando en cielo frío y brillante de invierno y millones de puntitos intermitentes, y mas abajo y muy, muy lejos al principio del viaje una luz ocre rojiza de la gran ciudad que estará al final del viaje. Y según me acerco más y mas las nubes a ras de las montañas se iluminan ahora con esa misma luz como una bruma fantasmagórica que me avisa de que ya no estoy muy lejos del final del camino.

Luego a la izquierda, una hilera larga de luces blancas a lo largo de la falda de la montaña y casi sin prácticamente separación, al frente y toda la derecha otra hilera, esta vez más grande, de luces ordenadas a lo largo y paralelamente a veces de color ocre rojizo. Es mas bonito todo en la noche, sobre todo para un ser urbano como este que escribe y nocturno.

¡Me encanta adentrarme en la noche…!

erikg.blogia.com

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