Cerati

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Pequeño Cristo 3D: ¿podrás salvarme esta vez?

Gustavo Cerati, Verbo carne

Qué licencia que me doy: me disculpo de antemano (o miento al disculparme) por no abordar hoy temas de absoluta relevancia para el país o el resto del mundo. Pero hay textos que se urgen solos, personales, lastimosos, textos que se escriben entre el pecho y la garganta.

La Ciudad de la Furia. Hay visitaciones inevitables: esas que son punto de partida y mapa de vuelta. Letras circulares y laberintos que un día se volvieron hogar, domicilio propio. Ahí: el lugar de las danzas rotas, las músicas ligeras y todo lo que sangra. El hilo conductor es la huella de una historia. O de varias. En realidad. Es el temblor y la furia: son los signos, los ritos, las lunas rojas, las persianas, los puentes, los déja-vu, y uno que otro hombre al agua…

Qué licencia que me doy hoy de venir a este lugar. Y es que es el lugar en el que anida la historia musical de Cerati. Y con sus ecos, el rastro emocional de la memoria. Y para los que nos sabemos el futuro (también) de memoria: ahí estarán el acorde y la voz en off de ese argentino nacido en las sombras de una dictadura: trovadores de la furia y apóstatas televisivos. Prófugo de las cúpulas y los guardianes que pierden el honor. En la Argentina de la dictadura no había escondite seguro. Sólo —y eso acaso— el de un poema. Ahí es donde nace Soda Stereo, y Cerati crece y se crece: fugándose de sus propias sombras para refugiarse entre las nuestras. Había que prender otras hogueras. Y es que, “entre caníbales, el dolor es un veneno, nena”. Así los venenos del poeta venido a rock star: Cerati, el virtuoso de las metáforas encadenadas, el iluminado por el lenguaje que resulta insuficiente para cantar todos los misterios, los azares y las turbulencias. Cerati, que sobrevuela Buenos Aires, la ciudad de la furia, y es que “un hombre alado no extraña la tierra”. O que camina entre las piedras y tocando el piano espera hasta que pasa el temblor. Que desafía las leyes todas, incluidas las de las armonías, un “profanador desafiando al tiempo”… Y ahora el tiempo lo desafía a él…

Bocanada. Y es que tantas de sus letras se convierten hoy en sus tantas profecías: “Alguna vez fue que planeamos hacernos todo el daño de una vez, dictando una sentencia desafiante”. Hoy Cerati está en un coma inducido (y si la metáfora urge, tal vez inducido por su propia historia), con la sangre que le corrió mal por las venas, con el cerebro y el futuro “a merced” de otros poetas, los que salvan vidas. “Vida nómada, un santuario de desechos me dejó”, canta en la “Tracción a sangre” (ironías) de su última entrega, la Fuerza Natural. La traición de la sangre. La suya. Pequeño Cristo 3D, ¿podrás salvarlo esta vez?

Cerati —como el otro poeta trovador, Sabina, hace unos años— tiene hoy una parte del cerebro infartado, desde las esquinas de su historia, sus excesos y sus —seguramente— omisiones de amor entregado a los demás y a uno mismo. ¿Cuántos gallos? ¿Cuántos whiskies? ¿Cuántos pases? ¿Cuántas cajetillas te fumaste, genio? ¿Qué última bocanada? ¿Cuántas veces te callaste un silvestre —nada barroco, nada elaborado— “te amo”, un “perdóname”, un “te extraño”? Los poetas que se terminan acostumbrando a guardar silencios entre letra y letra. Poetas que terminan siendo las víctimas de sus escondites, de sus miedos, de sus carencias convertidas en enemigo velando armas contra ellos mismos: “Te doy todo y siempre guardo algo”. ¿Y qué, si ese “algo” que guardas te consume?

¿Y si el altar del pensamiento fragmentado, ese puesto para los dioses crípticos del deseo individual e indefinido, se convierte en la antesala del alma, el corazón y, sí, el cerebro fragmentados?

¿Qué si el cuerpo termina por convertirse en metáfora de los propias omisiones, de componer solamente sobre las partituras de lo incierto?

¿Qué si es la metáfora —un espejo sonoro, caja de resonancia (magnética)— de un tiro: y él usó su cabeza como un revólver, apuntando contra su cabeza misma..?

Y en esa misma canción, Cerati, espero, una última esperanza: “Después de un baño cerebral, estaba listo para ser amado…”

Yuriria Sierra/exonline.com.mx

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