Calderófobo

Calderófobo

A lo mejor porque la palabra homofobia no existe en los diccionarios, las autoridades del gobierno de Felipe Calderón —como son tan cultas— rechazan el concepto de Día contra la Homofobia y lo cambian por el nombre de “Día de la tolerancia y el respeto a las preferencias”, entre otras, para no quedar mal con los civilizadísimos grupos religiosos, no sólo católicos, también los cristianos. (¿Demócratas son los que piensan como él? ¡Qué bonito!).

Fue Louis-Georges Tin quien lanzó la cruzada mundial por ese día desde 2005 (en Quebec ya está instaurado, desde 2003). Tin escogió el 17 de mayo porque en esa fecha, en 1990, la Organización Mundial de la Salud quitó la palabra homosexualidad de su lista de “desórdenes mentales”. (Mire usted lo cerca que estamos de los crímenes de odio por homofobia que se cometen a escala mundial).

No es un caprichito de Calderón, no. Cuando era candidato a la presidencia, con Joaquín López-Dóriga se declaró contra las relaciones de hombres con hombres y mujeres con mujeres. Igualmente estuvo en contra de los matrimonios gay e, incluso, demostró desconocimiento de la constitución asegurando que los matrimonios son entre personas de sexos diferentes. Aquí aun funciona la consigna de los 70: “la ignorancia corroe y mata”, ¿o no? (Conste: Andrés Manuel López Obrador se mostró igualmente reacio a las uniones gay porque pensaba consultarlo con la ciudadanía mediante un plebiscito. Es bueno no olvidarlo.)

Por eso creo que existen razones suficientes para declararme calderófobo. Y no dudo que habrá miles, millones de mexicanos que también se sumen a la calderofobia. Pienso en los familiares y amigos de los muertos por crímenes de odio por homofobia que, entre 1995 a 2006 suman 420 delitos de esa naturaleza, según el reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, con base en estudios de diversas organizaciones gay.

Calderón y los prejuicios de toda la Iglesia, por encima de la Constitución, no pueden quedar impunes ante esos delitos. La Constitución es para todos los mexicanos, sin importar raza, religión o sexo. Creo que ya es hora de que atiendan a las minorías, sean gobiernos de derecha o de izquierda, del partido que sean. El siglo XXI tiene que ser de las libertades individuales sin distingos sexuales.

¡A protestar! Que luego no digan que uno es el radical.

braulio.peralta@milenio.com

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