Algunas razones del atraso

Algunas razones del atraso
Rolando Arjona

La organización del imperio azteca era ciertamente imponente. En los calpullis, el ejemplar sistema de organización social de los aztecas, era obligatoria la construcción de una escuela, es decir, no sólo se trabajaba y explotaba talentosamente la tierra con un criterio comunitario, sino que, además, se ejecutaba un esfuerzo “nacional” por la educación, la única forma de crecer armónica y equitativamente. Se trataba de evolucionar en planos de igualdad y, para ello, nada mejor que educar a las masas, de forma que los individuos contaran, en la medida de sus posibilidades, con las mismas oportunidades. Nuestros antepasados entendieron muy bien que, quien acapara el conocimiento, acapara el ingreso, de ahí que llevaran a cabo grandes esfuerzos por masificar la ilustración. Además de lo anterior, la impartición de justicia era una realidad indiscutible, como también lo era la imposición de criterios éticos y morales aplicables desde muy temprana edad. En resumen: existía un eficiente respeto al orden jurídico establecido y, donde hay respeto al orden jurídico, hay progreso porque se respetan las reglas de convivencia emitidas por los representantes populares. ¿Resultado?

La brutalidad de la Conquista destruyó absolutamente todo. Destruyó, por supuesto, el orden jurídico, destruyó el Estado de derecho, destruyó el calpulli a cambio de instituir la encomienda y la miseria masificada; destruyó el núcleo familiar, lo prostituyó, destruyó la escuela, destruyó la religión, destruyó la organización imperial, destruyó los sistemas de producción y de recaudación, destruyó como un gigantesco huracán, los valores, los principios de una civilización impresionante que vio canceladas sus aspiraciones y sueños más caros por un grupo de rufianes extraídos de las cárceles de la Edad Media tardía, en realidad, unos hispano-africanos, sálvese el que pueda, recién liberados de los árabes y que llegaron a América a imponer a sangre y fuego el catolicismo, en las cárceles clandestinas de los obispos, igualmente ávidos de riquezas materiales, al extremo de que, al comenzar el siglo XIX, la alta jerarquía era dueña de 52% de la propiedad inmobiliaria del país, además de contar con bancos privados, sótanos de tortura, entre otros, para los insolventes que iban a dar a las manos de la Santa Inquisición por haber dispuesto de los haberes y dineros del Señor… Si el clero católico hubiera educado a los aborígenes, tal y como era su obligación, de la misma manera en que se enriqueció hasta el absurdo violando los votos de pobreza y obviamente los de castidad, al iniciar el imperio de Iturbide, no hubieran existido en México 98% de analfabetos, un lastre que no hemos podido superar hasta nuestros días.

Algunas razones del atraso

La autoridad se prostituyó durante los interminables años del virreinato. Se remataban los cargos públicos al mejor postor, siempre y cuando fuera entre españoles y entre algunos criollos distinguidos. Los naturales, los indígenas y los mestizos, carecían de posibilidad alguna de participar en la administración del aparato del Estado y de ahí que, en los años siguientes a la Independencia, cuando se larga a los españoles por donde habían vendido, se llevan al otro lado del Atlántico las claves para operar el gobierno y, por ello, entre otras razones, el México independiente se hunde en el caos. ¿A dónde íbamos sin saber cómo gobernar una República Federal calcada, además, de la americana, en donde los índices de alfabetización eran tan elevados gracias a la religión protestante que establecía la obligación de saber leer y escribir para poder salvarse a través de la lectura de la Biblia? ¡Quien no leía la Biblia no se salvaría! ¿Cómo pensar en una estructura democrática en un país de ignorantes herederos, además, del nefasto autoritarismo español, el caldo de cultivo ideal de los caciques y caudillos que provocaron el estancamiento y la evolución hasta nuestros días? ¿O acaso, hoy en día, los jerifaltes de los partidos políticos y los líderes sindicales oficiales, no son sino los caudillos modernos que tienen secuestrada a la nación como la tuviera Santa Anna y sus 11 presidencias personales y sus Altísimas Serenísimas..?

La destrucción brutal y salvaje de todo lo que funcionaba, el nacimiento de los primeros mestizos rechazados por el padre y la madre ultrajada, tal y como fue el caso de Pedro de Alvarado, quien se jactaba de haber tenido 440 hijos, crearon un sistema depresivo en la Colonia, depresión que se tradujo en inmovilidad social, en la existencia de un aparato discriminatorio que excluyó a los auténticos dueños de este país hasta sepultarlos en la confusión y en el abandono entre la espada del conquistador y el pánico a la pira de los caritativos curas inquisitoriales. Cuando se destruyó el sistema de impartición de justicia se decapitó el gran sueño de grandeza azteca, advino entonces la corrupción, desconocida en Mesoamérica, se impuso el despotismo, la exclusión, la discriminación y el atraso se aposentó hasta nuestros días. ¿Quién respeta en México a la autoridad, la que sea..? ¿Quién..? He ahí, entonces, otra razón para explicar el atraso…

Francisco Martin Moreno/exonline

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