¿Por qué es tan difícil acabar con la injusticia y el desorden?

¿Por qué es tan difícil acabar con la injusticia y el desorden?
pintura:El desorden capitalista

El hipnotismo social, la creación de espejismos presentes o futuristas por los magos de la política, las finanzas, la economía, la cultura oficial o las iglesias, es posible cuando existen grandes masas abducidas. Por eso es objetivo central de todos los Sistemas de dominación es controlar las conciencias, o sea: seducirlas, descafeinarlas, homologarlas, desconcertarlas y privarlas de argumentos serios para ir en contra suya…

Sólo minorías conscientes se resisten a aceptar el hipnotismo debido a que han ganado algunas batallas en el interior de su conciencia. Para las mayorías, la sumisión es consecuencia de una mezcla confusa de envidia, admiración, y respeto por la posición social, la fama las riquezas, el prestigio, la cultura, o la relevancia social de quienes están arriba en la escala social, presentados como modelos deseables. ¿Cuántos no quisieran ser ellos? Pues en cada uno tiene el Sistema un aliado. Por eso resulta tan difícil acabar con la injusticia y el desorden mundial, pues a pesar de la información que dispongan los responsables, lo que los nutre no se encuentra en las encuestas, ni en los impuestos, ni en ninguna otra cosa sino en algo extraordinariamente sutil: las conciencias seducidas.

Y para quien todavía se siente tentado a oponerse en algo, están los miedos heredados y los adquiridos por la educación o amargas experiencias al ir contra las tradiciones conformistas del medio en que vive o trabaja. Tiene que tener superados todos esos miedos, todos esos conformismos heredados, y por añadidura, los miedos a la marginación laboral o social, la incomprensión, la traición, la insolidaridad, y hasta la represión ,dado el caso, por las fuerzas del llamado Orden.

¿Orden?… ¿Qué Orden?…

Cuando los responsables del orden de un país (jueces, personal de los juzgados y policías) se manifiestan contra un gobierno, o se producen enfrentamientos dialécticos o incluso armados entre sectores de la seguridad pública, es que la crisis del orden judicial, social, de poder, en ese país ha llegado a un peligroso límite, pero a la vez se pone en evidencia algo fundamental: la ausencia de un orden aceptado libremente por todos. Y al mismo tiempo se muestra claramente que no existe un modelo de orden libremente aceptado, sino diferentes modelos de acabar con el que haya por quien dispone de la razón que impera en este mundo: la de la fuerza. Ahora, la economía capitalista se desploma por culpa de banqueros corruptos, y los contribuyentes entregamos a los ricos banqueros corruptos supuestamente en crisis nuestro dinero. Y lo hacemos a través de nuestros gobiernos y sin haber sido consultados, que sería una manifestación de orden democrático si lo hubiera.

Los pueblos asistimos como espectadores, a este desorden económico general producido por la bancarrota financiera, y somos conducidos al desorden laboral y social que tal situación produce, a este efecto dominó imparable que acaba por volcar la ficha de uno. Se continúan destruyendo puestos de trabajo y seguirá así porque es impensable detener la eficiente máquina de alta tecnología que expulsa a los trabajadores de sus puestos, (desorden socio-laboral) y no cesa de aumentar el número de parados a los que el desorden establecido tratará de hipnotizar o anestesiar de algún modo antes que se revuelvan. Y en eso andan los gobernantes, pues así como no critican a los que provocan el caos económico-social, sino que les apoyan e invierten en ellos nuestros impuestos, no practican con los pueblos la misma política. En una verdadera democracia eso sucedería justamente al revés.

¿Por qué es tan difícil acabar con la injusticia y el desorden?

Más que nunca veremos ahora infinitas reuniones de responsables políticos y solemnes declaraciones públicas en todos los medios diciendo que si bien las cosas andan mal (nunca para ellos, porque aquí estamos nosotros) todo es pasajero, todo está bajo control .Pero lo que ocurre ni es pasajero ni está bajo control. Todo eso es parte de la anestesia mental que se intenta inyectarnos.

Con las dosis convenientes de anestesia, muchas gentes crédulas poseídas por la vieja fe del carbonero seguirán aceptando como guías sociales y modelos de orden a los mismos que hoy producen estos desórdenes económicos, políticos, sociales, religiosos. O sea: confundirán como defensores del orden a los poderes que provocan el desorden. ¡Qué paradojas crea el hipnotismo!

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