¡Mamá, no prendas la grabadora!

¡Mamá, no prendas la grabadora!

Quién iba a decirlo: la nueva aliada del rock que se hace en México es la fujimorista Laura de América y su patético programa en TV Azteca es el nuevo foro para que nuestros roqueritos diriman sus cuitas y laven sus trapos sucios. Desde ya, propongo a esta esperpéntica peruana para que conduzca un programa musical los domingos por la noche en Canal 13 y sea la animadora del próximo festival Vive Latino.

La manera como se ha tratado en su emisión el caso de Celia Lora es ejemplo palpable de la ruindad moral de esta personaja y, peor aún, de la asombrosa manera como Alex y Chela Lora se han prestado a seguirle el luego y a convertir el caso judicial de su hija en un chou baratísimo, en un espectáculo de la más baja estofa.

Con un desparpajo que envidiaría Greg Sánchez y una pose compungida que ni el procurador Bazbaz pudo mostrar el día de su renuncia, el líder de El Tri ha insistido en que si su heredera está en esta bronca no es porque presuntamente haya atropellado a una persona y le haya causado la muerte, sino porque “se trata de la hija de Alejandro Lora”. Además, afirmó, en referencia a si la joven acusada bebe alcohol: “Que yo sepa, Celia no se toma ni un rompope”. Ante esas palabras, ojalá hubiese añadido: “¡Mamá, no prendas la grabadora!”.

Uno entiende por supuesto el dolor que como padres deben sentir los Lora en estos momentos. Sin embargo, utilizar su pena para aparecer en reality shows y protagonizar escándalos mediáticos de gritos y sombrerazos me resulta cuando menos lamentable y habla de nuestro subdesarrollo farandulero que no es sino un síntoma de lo que somos en estos momentos como país. Subdesarrollo en la farándula, pero también en la música, la televisión, el cine, el futbol (¡échenle ganas, ratones verdes: vamos por el tercer partido!) y, por supuesto, en nuestra folclórica política.

Lo único que no hemos perdido es nuestra capacidad para aguantarlo todo. Seguimos siendo los supermachos, como alguna vez, hace cuarenta y tantos años, nos bautizó el buen Rius.

¡… y que viva el rocanroool!

Hugo Garcia Michel/mileniodiario

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