Todo es culpa de la adicción al sexo

Todo es culpa de la adicción al sexo

La sátira es una herramienta que explica México, pero a veces no basta. Me hubiera gustado escribir que los narcos están, sospechosamente, plagiando las formas del lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar de los movimientos sociales. Primero las narcomantas. Luego las narcomarchas a las que nada más les faltó la “V” de la victoria. Y más tarde, la proliferación de narcobloqueos. Sólo falta un narcoplantón y una narcohuelga de hambre. Esto me hubiera gustado desglosarlo gozosamente, pero no.

La noticia de dos alumnos abatidos en el Tecnológico de Monterrey, en medio de una balacera de gánsters contra gánsters cambia las cosas. No sólo por el hecho mismo que nos ensombrece y encabrona, sino por las respuestas de las autoridades, tanto de la alcaldía como del Tec, cuya única preocupación es encontrar al culpable de haber confundido a los estudiantes con sicarios de algún cártel.

Ningún ejercicio de autocrítica, ningún atisbo de sensibilidad, nada que no fueran contriciones dudosas y promesas que jamás serán cumplidas. Y Calderón anclado al manido discurso “El Estado no permitirá que el crimen organizado vulnere la libertad de los ciudadanos”. Ya supo lo que pensaban de él una de las madres de los chicos asesinados en Ciudad Juárez, ahora que le pregunte a las familias de dos muchachos brillantes convertidos en daños colaterales de su narcoguerra.

Todo en el marco de 53 ejecutados en el país, en el tercer día más violento en tres años.

Pero esto nada les dice a los que mal administran la patria y han burocratizado la seguridad pública, convirtiéndola en un escandaloso ejercicio de absurdos. O cómo evaluarán Jelipillo, Chávez & Chávez o Genaro García The Man on the Moon el dato sobre la enorme cantidad de sicarios menores de 20 años que han sido reclutados por el crimen organizado. Y que 75% de jóvenes matones a sueldo nutren las cárceles del país.

Pero nos aliviana Rodrigo Medina, el gris góber de Nuevo León, que ante la tragedia no pasó del balbuceo y el lugar común. Lo más que se le ocurrió fue correr a 81 policías que ya deben estar operando con el narco.

Así, Jelipillo lamenta la muerte de los estudiantes del Tec; no sé por qué me recuerda al Papa Benedicto XVI, que también lamenta los abusos de los ensotanados irlandeses a los que llama a la oración sin un triste amago de excomunión. A las víctimas les ofrece disculpas, comprende que sean carcomidos por el rencor, pero les pide que no renuncien a la fe.

Sólo faltó que Calderón y el Papa hagan lo que Tiger Woods y le echaran la culpa a la adicción al sexo.

Jairo Calixto Albarran/mileniodiario

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