Templanza

Templanza

Me gustó la palabra que usó anoche Jorge Valdano para situar en su sitio la dimensión de la derrota de su equipo, el Real Madrid, eliminado por el Olympique de Lyon tras un partido en el Bernabeu que tuvo los dos lados de la moneda del fútbol. En la primera parte el equipo blanco dominó como si viniera de la estratosfera a enseñar fútbol a unos principiantes; y en la segunda parte una misteriosa astenia hizo que el mismo equipo estraósférico (o galáctico) se desfondara en los medios y dejara que los franceses pasearan a placer al borde del peligro. Valdano, director general del club, pidió templanza. Y esa es una palabra muy especial, que reclama cordura y a la vez distancia ante lo que a veces parece que va a ser la gloria pero que siempre puede ser también la frontera de una catástrofe. El fútbol es un juego al que le convienen palabras como esta que usó el excelente gestor deportivo del Madrid. Hay un poema, If, de Rudyard Kipling, que evoca ante los dos impostores, la victoria y la derrota, la misma actitud que ésta que ha reclamado Valdano para estos tiempos de incertidumbre que se abren bajo el suelo del madridismo. Siempre que veo estas catacumbas del fútbol reclamando justicia porque se ha perdido un encuentro (en este caso, una eliminatoria) recuerdo al propio Valdano al borde del infierno en Tenerife porque el equipo representativo, al que él entrenaba, llevaba algunos partidos sin ganar. Luego lo entronizaron porque el equipo empezó a ganar y terminó siendo uno de los punteros de primera división. Lo mismo sucedió con Guardiola: lo pusieron, como jugador, en lo más alto en el Barça hasta que a la directiva le convino despreciarlo y aburrirlo, y terminó dejando el club y yendo al extranjero. Me dijo un día, en una entrevista: “Estos que me ensalzan me echarán un día”. Lo hicieron. La victoria es tan impostora como la derrota. La virtud de esa palabra de Valdano es que sirve para el fútbol y sirve para todo, porque es una venda de realidad que debe aplicarse todo el mundo cuando siente que es más que otro o que ya lo ganó todo, o lo perdió todo. Humildad y templanza, esa es una buena combinación para afrontar la vida, que es a la vez derrota y victoria.

Juan Cruz/elpais.es

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