Snobs

Snobs

El «snob», «sine nobilitatem», es el sin nobleza que desea fervientemente ser noble. Lo decía el duque de Bedford: «El snobismo viene del marxismo, pero no de Marx, sino de Mark & Spencer». El «snob» de dinero; aquel que no lo ha tenido y no lo tiene y admira profundamente a los millonarios por el sólo hecho de que lo sean. Es muy frecuente el «snob» de dinero en España. El «snob» cultural; todo aquel analfabeto que por saberse dos cosas se cree inmerso en el espacio grandioso y nunca saciable de la cultura. Los pobres actores, cantautores y pancartistas de la ceja, el párpado, la pegatina y la subvención.

Nadie puede imponer por la fuerza la idea y el pensamiento. Ese ignorante de casi todo que se llama Guillermo Toledo y ha sido o es actor, tiene todo el derecho a exponer sus ideas y a pensar lo que quiera. Si Guillermo Toledo es estalinista, amante de las dictaduras comunistas, y cree ciegamente en el beneficio que procura la prisión y muerte de los adversarios o disidentes de sus tiranías, tiene todo el derecho a exponer sus ideas. Si a Guillermo Toledo le importa un bledo la muerte de los que luchan por conseguir la libertad que él disfruta, tiene todo el derecho a exponer sus ideas. Si a Guillermo Toledo le importa más la vida de una saharaui celosamente guardada que la de un cubano miserablemente desamparada, tiene todo el derecho a exponer sus ideas. Vive en una sociedad libre. Lo que no puede pretender Guillermo Toledo es callar las voces que, también libres, manifiestan su desacuerdo con sus ideas. Que no se haga la víctima. Que no se invente persecuciones ni campañas en contra de su persona. La libertad para todos, no sólo para él y sus amigos. Y también sus amigos tienen todo el derecho a apoyar a Guillermo Toledo, hacer suyas sus palabras y opiniones y redactar un manifiesto de solidaridad con el cómico estalinista. Faltaría más. Pero no mintiendo.

Para Miguel Bosé, Toledo es ponderado y reflexivo. Tiene derecho a pensar así. Como yo a pensar que Miguel Bosé es un pijo de la «Gauche divine» y que canta como un culo. Para los firmantes de la carta solidaria con Toledo, Sanjuán, Tosar, Juan Diego Botto, Novo, Candela Peña y demás cejeros, si Toledo es respetable, están en su derecho de hacerlo público. Ellos también son libres y pueden expresar sus ideas y pensamientos con plena libertad sin verse expuestos a ser condenados a veinte años de cárcel por hacer públicas sus preferencias. Pero no tienen derecho a mentir.

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Todos ellos, firman una carta en la que se incluyen en el mundo de la Cultura. También tienen derecho a creerse inmersos en la Cultura, aunque resulte extravagante y divertido. No hay persona culta que se considere parte de la Cultura. A eso se le llama snobismo cultural. Son actores y cantantes. Algunos actores son cultos y algunos cantantes también. Pero el mundo de la Cultura, con mayúscula, es otra cosa. Aprenderse un guión, como decía Katharine Hepburn, es una tontería. Tanto Toledo como sus amigos estalinistas, o leninistas o simplemente comunistas, son libres y soberanos. Piensan, dicen y se someten, como personajes públicos, a la crítica de los que también piensan, dicen y se someten a las críticas adversas. La persecución y acoso a un ser insignificante no es argumento serio. Pero lo inadmisible es que se consideren gente de la Cultura. Ese «snobismo» cretino y falso ya no funciona, pretenciosos.

Alfonso Usia/larazondigital.es

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