Musica y escarmientos

Musica y escarmientos

CON HAITÍ de luto bajo los escombros y más pobre que nunca, un terremoto mayor destruye Concepción, hiere a Santiago de Chile, mata a centenares de hombres y mujeres y hace que el mar se trague la isla de Robinson Crusoe. Todo, en el tramo de tierra que parece un triángulo impreciso trazado por un niño -del Río Bravo a la Patagonia-, y que sufre también una dictadura comunista de medio siglo, se estremece bajo los embates de Hugo Chávez y vive con las secuelas del paso de políticos corruptos, saqueadores y militares tintos en sangre.

Son castigos divinos, decía un viejo amigo, un sabio venezolano que ya en el sitio donde está debe conocer la verdad. Es una maldición (una wemba, en las religiones africanas), repetía frente a sus cervezas tibias y llenas de cenizas. Una brujería que no deja tranquilo al continente porque sus personas principales de todos los tiempos se han entregado al goce, al pecado, al ron, al tabaco y al baile, y han olvidado a los demás.

No quiero creer esa visión mística regada con hiel y alcohol. Ni la explicación de un poeta alemán que dijo una vez, en una reunión de escritores en Ciudad de México, que la región no progresa porque los latinoamericanos son ambiciosos, indolentes, apasionados y musicales.

Hay pocos, pero hay ejemplos de países de América que permiten despejar esos augurios sombríos y dejar abiertas las esperanzas. El primero, y por mucho tiempo el único, es Costa Rica. Le han seguido, después de procesos traumáticos y violentos con gorilas uniformados, Uruguay, Panamá y Chile. En los últimos años se pueden ver tendencias positivas hacia la estabilidad y la democracia verdadera en otras naciones.

Como quiera que esos avances implican desarrollo, progreso y poder económico, los ciudadanos estarán mejor preparados para enfrentar terremotos, huracanes y tsunamis. La diferencia se ha visto ahora con los desastres de los haitianos y los chilenos.

Los totalitarios, los ladrones y los gánsters disfrazados de políticos de izquierdas o de derechas no pueden ser enviados de ningún dios. Son los hijos de chiqueros sin instituciones democráticas.

Las catástrofes no deben ser una venganza por el tango, la cumbia, el bolero, la salsa o las rancheras. Se trata de fenómenos naturales de la misma geografía que también ha puesto allá la Pampa argentina y Los Andes. El Orinoco, el Amazonas y un arroyuelo, una cinta de plata, que se llama El Tínima y refresca la llanura de Camagüey, en Cuba.

Raul Rivero

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