Las vacilaciones de San Pedro

Las vacilaciones de San Pedro

De San Pedro Garza García, digo. No cabe duda que el padre Maciel es uno de los personajes más apasionantes que ha dado la patria. Emmanuel Carballo dijo el jueves en Monterrey que desde Santa Anna no habíamos tenido alguno tan propicio para ahondar en la naturaleza humana: “Un hombre excepcionalmente enfermo y excepcionalmente interesante”. Claro, no lo sería si fuera sólo un aspirante a santo. Tampoco si fuera sólo un exitoso creador de instituciones o un mago del poder o un maniaco sexual o un pederasta hasta con sus hijos o un gran embaucador o un actor versátil. De todo eso hemos visto. Lo que le pone emoción es tal cantidad de vidas: Maciel llevaba dentro un personaje para cada una de ellas. Jugó más de papeles que Peter Sellers en Dr. Strangelove.

Ni Roma ni Cotija le llegan a San Pedro Garza García, que terminó siendo la capital mundial de los Legionarios de Cristo. Ahí Maciel no sólo fundó colegios. Encontró un semillero de vocaciones que llenaban el perfil televisivo con el que había decidido poblar su congregación. Encontró también a algunos de sus más cercanos colaboradores. Y mucho dinero. En San Pedro la relación con los Legionarios llegó a ser familiar en toda la extensión de la palabra. Cada una de las familias acaudaladas llegó a tener al menos un miembro vinculado estrechamente a los Legionarios. Es difícil ahí no contar con un legionario entre los primos, los cuñados o los tíos y más difícil encontrar a alguien que no haya acogido en alguna medida el mensaje de Mon Père. Con poco interés en el debate, San Pedro encontró en esa espiritualidad un complemento a su tradicional culto al trabajo: una moral y una religión sin cuestionamientos, que le daban la seguridad de que todo estaba bien y la posibilidad de pasar a otra cosa.

Por eso ahí la caída fue más dura. Los colegios, que hace poco se daban el lujo de seleccionar alumnos según sus propios criterios sociales, económicos y morales, se han ido quedando sin filas. Las grandes verdades sobre la conducta familiar y sexual, pilares de la moral legionaria (que no de Maciel, pero eso no se sabía) que se habían tomado al pie de la letra, ahora han perdido su soporte. No exagero si afirmo que para muchos el derrumbe del líder se vive como un desgarramiento interior: un sentimiento culpable de haber sido engañados por este hombre de mil caras, una crisis moral y una repentina búsqueda de brújula. La aparición de la desconocida duda que, para bien o para mal, rompe los viejos equilibrios y desequilibrios de esta zona del país.

luis.petersen@milenio.com

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