La legion

Qué razón tenía Einstein cuando decía que el mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad. Los Legionarios de Cristo son un claro —y ahora mucho más palpable— ejemplo.

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No trataré en este espacio asuntos religiosos; ni es el medio ni es mi intención. Sé que si lo hago es muy probable que pierda objetividad ante un asunto tan abyecto. Tocaré el tema, sin embargo, desde la óptica de la obligación ética que tenemos como comunicólogos o mercadólogos ante las empresas que, ligadas al círculo rojo de esta agrupación, o se hicieron de la vista gorda ante lo que estaba sucediendo o sin haberse enterado del todo, están pidiendo que el asunto se censure en los medios.

Para quienes no están en antecedentes, el miércoles 3 de marzo la periodista Carmen Aristégui (título que ostenta en toda la extensión de la palabra), en su espacio noticioso de MVS, entrevistó a una de las familias del sacerdote Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo. En dicho noticiario, se reveló la existencia de más de una familia del cura; de cómo la esposa de esta familia (la entrevistada) había sido engañada por Maciel con otra identidad y sin revelar su oficio; de cómo uno de los hijos de Maciel había sido abusado sexualmente por su propio padre; de un sinnúmero de actos de pederastia cometidos por este criminal; de cómo gente del círculo rojo de esta agrupación católica, como el rector de la Universidad Anahuac del Norte, por ejemplo, sabían de la existencia de estas familias, y de una serie de actos por demás siniestros que develaban una red de complicidades tanto del más alto poder económico en México, como del poder eclesiástico en el Vaticano.

En un acto desesperado de relaciones públicas y con el poder de influencia de muchos medios de comunicación —que o son parte o están amedrentados por algunos anunciantes que son parte de la Legión—, esta congregación respondió sin negar nada pero alegando que los hijos de Maciel hablaron porque se les negó una herencia de muchos millones de dólares. Si atendemos esa lógica, los Legionarios de Cristo tienen en peor estima el chantaje que la pederastia.

Un Legionario, Lorenzo Servitje de Grupo BIMBO, fue mucho más allá. Pidió a los medios que se abstuvieran de difundir o hacer eco a la noticia difundida por Aristégui, arguyendo que la ropa sucia se debe de lavar en casa.

Como muchos saben, Servitje es responsable de una abominable agrupación de censura no oficial que se llama “En Favor de lo Mejor” y que ha sido causante de que algunas emisiones hayan salido del aire y que además se está volviendo el lugar favorito de estudiantes que quieren hacer su servicio social rápidamente, con la simple denuncia de anotar que en determinada emisión se dijo o se vio algo que las buenas conciencias calificarían como “inadecuado”.

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Sin que se tenga la certeza de si el dueño de BIMBO sabía o no de los crímenes del fundador de su congregación —es lo que menos importa—, el hecho de querer ocultarlo habla de su condición moral y del oscurantismo con el que se maneja la Legión.

Hay consumidores que están comenzando a reaccionar. En Twitter y Facebook ya se ven grupos que piden boicotear a la marca no comprando sus productos.

El asunto, sin embargo, es saber qué harán (o qué están haciendo) las agencias de publicidad, relaciones públicas y below the line que tiene contratado Grupo BIMBO al enterarse que su cliente el señor Servitje, quiere proteger la reputación de una agrupación que solapa crímenes como la pederastia —de por sí nefandos, peores viniendo de un representante de la iglesia.

De verdad me pregunto qué estarán haciendo ¿estarán enterados? ¿Qué valores éticos tendrán? De seguir como proveedores de esta empresa ¿con qué cara podrán ver a sus hijos y decirles que su cliente es un señor que protege a un violador de niños como ellos? ¿serán Legionarios como su cliente? ¿serán aprendices de Legionario que, encandilados por las posibles relaciones de negocios prefieren cambiar su integridad por una iguala mensual?

Y esa empresa es sólo una pequeña muestra. En la Legión hay banqueros, industriales, comerciantes, más empresas como la descrita y lo peor: escuelas y universidades en un país donde por ley, la educación tiene por obligación ser laica. Además de éstos, existe un gran grupo de personas satélite con pequeñas y medianas empresas las cuales, ya sea movidas por verdadera convicción pero con una profunda ignorancia de lo que sucede allá dentro o por un mero interés pecuniario, rodean a este grupo para buscar relacionarse con él.

La reputación de quienes están cerca de esta congregación está en entredicho y el asunto no va a mejorar por más que en Televisa prohíban comentar esta noticia. La gente ya no es mediáticamente tonta y cada domingo, aunque usted no lo crea, hay menos oyentes pastorales.

El 4 de abril de 1968, el entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Robert F. Kennedy, improvisó un discurso en Indianápolis para anunciarle a la audiencia una noticia de la cual él había sido apenas informado: el asesinato de Martin Luther King. En dicho discurso, dejó una lección que debe tomarse en cuenta: “La maldad de muchos no está en lo que dicen a favor de su causa, sino en lo que dicen sobre sus contradicciones”.

Manuel Moreno/babelia

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