La inmigracion es seleccion natural

La inmigracion es seleccion natural

Lo peor que nos ocurre a los mexicanos con la inmigración a EU es que se nos va lo mejor, en términos de capacidad mental y física. Pero también recibimos, en mucha menor medida, gente que se sobrepone a su pobreza: españoles que fundan importantes editoriales y exitosas tiendas de ultramarinos, franceses con ideas de las Galeries Lafayette, judíos fabricantes de ropa que llenan la calle de Isaac-zaga, griegos tomateros en Sinaloa, turcos, chinos: una riqueza que despreciamos.

De ahí que escuchemos con tanta frecuencia la quejumbre xenofóbica (csenofóbica) según la cual los extranjeros malos se aprovechan de los mexicanos buenos y rápidamente hacen capitales con el hambre de millones. Es una conseja de tontos suponer que la riqueza es un juego de suma cero: lo que alguien gana otro lo pierde. La riqueza se crea y corresponde a los legisladores elaborar leyes que permitan la mejor distribución social de esa riqueza, entre ellas están, en primerísimo término, las normas laborales, pero luego viene la recaudación de impuestos.

Y ahí es donde nuestros legisladores no piensan: para evitar que el pobre pague IVA en los frijoles y tortillas, dejan de cobrar impuestos en todos los alimentos, incluidos los que ellos consumen: quesos franceses, jamones españoles, aceites de oliva italianos, frutas y verduras de cultivos hidropónicos o de eso que llaman, con idiotez redonda, “orgánico”, pues no existe col que no sea orgánica, a menos que sea de vidrio. Quieren decir que no contiene fertilizantes artificiales ni insecticidas, pero es la misma gente que se opone a los cultivos genéticamente modificados para resistir plagas. Y un átomo de nitrógeno es idéntico, venga de fábrica o de bosta.

El término llegó del inglés, como por el inglés llegó “homofobia”, que en griego significa “miedo al igual”. Pero ya no hay remedio.

Debería ser motivo de orgullo en el Bicentenario que un mexicano, Carlos Slim, sea el hombre más rico del mundo, lo malo es que pueda serlo porque la legislación del país permite monopolios y cuasi-monopolios, los primeros como es Pemex y fue Telmex, los segundos como es ahora Telmex y son las televisoras. Un país con xenofobia (cseno-) crónica y prenatal ve en el hijo de inmigrantes pobres vuelto rico una señal de maldad y no de trabajo.

El inmigrante europeo y del Oriente Medio o Lejano, llega sin esa carga religiosa-ideológica que abruma a nuestros pueblos indios y a buena parte de nuestra población. El inmigrante no padece lo que los neo-indigenistas llaman “tiempo cósmico” (sea lo que sea, porque todo tiempo es cósmico) ni afirma que por su raza hablará el espíritu, comienza por aprender español y no exige clases en árabe ni en chino; trabaja, invierte, reinvierte y ya está: un rico más para consolidar nuestro agravio con los extranjeros.

No son bienvenidos los inmigrantes, no les facilitamos la nacionalidad, jamás permitiríamos una isla Ellis donde se bañen y vistan ropas limpias, reciban una comida caliente, un pasaporte y salgan a buscar la siguiente comida; los tratamos como si fuéramos California y las multitudes asediaran nuestras fronteras, les hacemos caricaturas y chistes que nos indignan cuando en Texas nos los aplican. En fin, les llenamos de piedras el camino… Y triunfan. Eso sí calienta.

Somos rencorosillos del triunfo y admiradores de la derrota. La única gloria del cura Hidalgo fue que lo mataron, y en sólo diez meses, sin lograr la independencia. Olvidamos el odio profundo a los aztecas por parte de sus pueblos súbditos y nos tragamos toda la propaganda de Estado de sus guerras floridas y sacrificios de corazones al sol: lo que hacían era eliminar a la flor de la juventud que se podía rebelar contra una tiranía tan monstruosa que exigía un impuesto de sangre. Eso glorificamos, y así nos va.

Nuestros pobres no se van a Cuba, se van a donde, dicen legisladores y otros bobos, las condiciones de trabajo son malas porque se paga por hora, no hay cláusula de exclusión sindical ni otras conquistas sociales de la legislación revolucionaria de México: se van a Estados Unidos. La flecha de la inmigración apunta hacia lo que desea la gente: los campos de California, que son ricos porque no hay riesgo alguno de que llegue un presidente Echeverría y reparta las tierras de los ricos a los pobres. En los jardines de Los Ángeles trabajan los morelenses a quienes el PRD salvó de ser jardineros de ricos en Tepoztlán.

Luis Gonzalez de Alba/mileniodiario

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