Juegos de Poder

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La reacción de Estados Unidos

Narra Jacobo en el libro del Génesis que su padre, Isaac, conoció a Dios con pajad. Esta palabra en hebreo tiene un doble significado. Por un lado es “temor” que implica, de acuerdo a los diccionarios, “temblar” o “tener miedo de”. Hay que recordar que el padre de Isaac, Abraham, estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo porque así se lo había ordenado Dios. De esta manera, Isaac conoció a Dios por el temor de que lo matara nada menos y nada más que su padre. Pero, al momento en que se disponía a asesinarlo, vino un ángel y le habló a Abraham para decirle que ya no matara a Isaac sino a un cordero. Padre e hijo habían pasado la prueba: ambos eran temerosos de Dios.

Ahora bien, la palabra pajad también involucra un segundo sentido de respeto por alguien superior, ya sea el “reverencial que el hombre debería sentir por la majestad, el poder y la posición exaltada de su divino Hacedor” o el “temor reverencial mezclado con el terror que un hombre mortal naturalmente sentiría cuando está en la inmediata presencia de Dios o de los ángeles”. Si Abraham estuvo dispuesto a matar a Isaac es por el temor y el respeto que le tenía a Dios. De tal suerte, el joven Isaac conoció a Dios en un acto donde se mezclaba el miedo con la reverencia.

Usted se preguntará a qué viene esta disquisición bíblica. La hago porque me parece que los ciudadanos deben sentir algo de pajad frente a las autoridades del Estado. Por un lado, deben temer a la fuerza que tiene el monopolio legítimo de la coerción pero, por el otro, también deben respetarla. Para eso sirven, por ejemplo, los uniformes policiacos o militares: para inspirar temor y respeto a la vez.

El problema es cuando los ciudadanos no le tienen ni miedo ni respeto a las autoridades. Es lo que, me parece, está ocurriendo con los grupos del crimen organizado y las pandillas en Ciudad Juárez. Las policías municipal y estatal les dan risa. O las tienen compradas o amenazadas: “Plata o plomo: o cooperas, y te llevas una lana, o te matamos porque nosotros tenemos mejores armas que tú”. Quizás a la Policía Federal le tuvieran un poco más de temor y respeto, pero no mucho. Al parecer, también ya les tomaron la medida.

Quedaba, entonces, el Ejército. Se decía que los criminales sí le tenían pajad a “los verdes”. Al fin y al cabo, los soldados estaban bien entrenados, contaban con poderosas armas de fuego y eran menos corrompibles por su lealtad al país. El presidente Calderón decidió utilizar a las Fuerzas Armadas como la última instancia del Estado mexicano para inspirarles respeto y temor a los criminales.

Es terrible decirlo pero, al parecer, los delincuentes también le tomaron la medida al Ejército en Juárez. La intervención de las Fuerzas Armadas en esa ciudad, lejos de calmar la situación, la agravó. Y en el camino ocurrió una desgracia para el Estado mexicano: los delincuentes le perdieron el temor y el respeto a las Fuerzas Armadas. La última carta falló. Los cárteles y las pandillas en Juárez demostraron no tenerle pajad a ninguna institución del Estado mexicano.

Y ahora han comenzado a asesinar a autoridades del Estado más poderoso de la Tierra que son los Estados Unidos de América. Con toda tranquilidad, mataron a tres funcionarios del gobierno estadunidense. La pregunta es qué harán los norteamericanos para demostrar que, con ellos, no se vale que se metan. ¿Cuál será la reacción de las autoridades estadunidenses para infundirle temor y respeto a los criminales mexicanos?

Creo que la respuesta la conoceremos pronto. Y si nos atenemos a la reacción de los estadunidenses por el asesinato en 1985 del agente de la DEA, Enrique Camarena, van a aplicar todo el poder de la superpotencia para infundirles pajad a los delincuentes mexicanos que se atrevieron a desafiarlos.

Leo Zuckermann /exonline.com.mx

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