El triunfo de la bestia

El triunfo de la bestiaLo que leerá aquí sucedió en los últimos días en Reynosa, Tamaulipas. Son hechos que afectaron a periodistas, al grado de privar de la vida al menos a uno de ellos. Seis más fueron secuestrados sin dejar rastro. Otros dos —enviados desde la ciudad de México por la cadena periodística nacional en la cual laboran— fueron retenidos por mafiosos, golpeados y llevados al aeropuerto local con órdenes de abandonar inmediatamente la ciudad.

A todos los identifica una circunstancia: ni sus propios diarios ni ningún otro medio o autoridad han dado cuenta de los sucesos que los afectaron.

En Sinaloa, un hombre misterioso intentó insertar y pagar en un diario local un anuncio en el que se proclamaba la llegada de Los Zetas. El texto anticipaba que matarían a miembros de bandas rivales, secuestrarían o extorsionarían a empresarios, comprarían o asesinarían a policías. Grupos de narcos colocan cotidianamente narcomantas en calles del estado, las que son retiradas por soldados, pero los mafiosos se aseguran de tomar antes fotografías y luego presionar a los periódicos para que publiquen la imagen o el texto. Usualmente lo logran, sin que los medios reporten lo que está pasando y sin que la autoridad intervenga tampoco.

En diversos estados, un sindicato con las siglas C.O.S. que ostenta el registro y la “toma de nota” de la Secretaría del Trabajo, se presenta con empresarios para obligarlos a pagar cuotas de protección o la entrega de bienes, so pena de ser sujetos de secuestros a de incendios en las respectivas plantas.

De acuerdo con reportes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, desde el año 2000 el número de periodistas asesinados suma 60, y 11 más fueron levantados, por lo que se les da por muertos. Siete diaristas fueron ejecutados sólo en los últimos seis meses.

A la sombra de este fenómeno se hallan cientos de periodistas amenazados, golpeados o extorsionados. Muchos, sobornados también. En todos los casos el resultado es el mismo: el miedo se extiende por redacciones de todo el país y se expresa en autocensura. Es un silencio que resulta ensordecedor para las comunidades a las que estos diarios alguna vez sirvieron con informaciones que alertaron al público sobre los problemas que necesitaba conocer y en cuya solución debía participar.

Pero el público sabe qué es lo que los medios están callando. Y entiende que el gobierno permite que estos ataques queden sin resolver, en la impunidad. Luego, también calla. Calla frente a la autocensura de los medios, calla frente a la venta de drogas en las calles, frente al secuestro del amigo o el pariente, frente a las amenazas afuera del hogar o cuando descubre que sus hijos se han vuelto adictos a las drogas.

Roberto Rock/eluniversal.com.mx

Porque la bestia ha triunfado entre nosotros.

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