el sueño americano y la pesadilla mexicana

el sueño americano y la pesadilla mexicana

Muchos mexicanos prefieren vivir ilegalmente en EUA con el latente riesgo de ser deportados o de que suceda un nuevo atentado terrorista, que pagar el costo de la disparidad económica y social que representa vivir en México.

¿Usted qué prefiere? ¿Estar destinado a andar a patín y en minibuses suicidas manejados por choferes modorros todo el día o tener la oportunidad de comprarse a tasas bajas y estables un carrito jalador que lo lleve a cualquier parte? 

¿Llenar el tanque de su carrito escogiendo la gasolina que más le convenza y a precios más baratos o tener que pagar gasolina más cara tan sólo por el impuesto a la soberanía nacional y la necedad que impera en México? 

¿Ganar 10 veces más salario que rinda más a cambio de sus servicios (aunque sea en calidad de ilegal) o intentar sobrevivir el mes con un minisueldo para cubrir el pago de su minicasa, su minicoche, sus minimuebles, su minitele, etc.? 

¿A poco no prefiere salir a correr al parque, sacar a pasear al perro, ir al cine con su novia o hacer las compras en el centro comercial sin el temor de que lo vayan a golpear o navajear a cambio de su cartera? 

¿Qué no preferiría estudiar en algún lugar donde sabe de antemano que, si se esfuerza y destaca a lo largo de su carrera, sin duda se topará al final de sus estudios con varios reclutadores que se pelearán porque estampe su firma en sus empresas? 

¿No le gustaría más una meritocracia llena de oportunidades para los mejores talentos jóvenes o experimentados que una compacracia donde impera el poder de los cuates y contactos? 

En resumidas cuentas, ¿Qué prefiere? ¿Un mejor nivel de vida así lo tachen de ilegal en otro lado o seguir en las mismas dentro de la ley a la mexicana? ¿El sueño americano o la pesadilla mexicana? 

La migración es un problema que ha ido creciendo de la mano de la brecha económica y social que nos separa a los mexicanos de EUA, esto no es ningún descubrimiento. Mientras haya oferta de mano de obra mexicana y demanda de indocumentados en EUA el problema no se va a terminar.

Quizá el fin del asunto podría llegar el día en que EUA se vuelva tan pobre como México, o bien, México se empareje con EUA. Yo sinceramente dudo que cualquiera de las 2 cosas llegue a pasar. 

Es común y corriente en México escuchar cómo casi todo mundo se refiere a la gente que decide emigrar ilegalmente a Estados Unidos con los nombres de braceros, mojados, indocumentados, paisanos y chicanos.

Hay quienes los miran con desprecio, los aborrecen por ser “prietitos”, los juzgan de burros perdedores, hacen negocio de su situación, se aprovechan de ellos y los tratan mal tan sólo por querer ejercer su derecho a un mejor nivel de vida. 

Esa gente que se ve obligada a cruzar el río Bravo, aguantar desiertos, dormir escondidos, pasar hambre, correr de la migra, adoptar una identidad nueva, entre muchos terrores más, es gente que lo único que quiere es algo que su propia tierra no les ha podido dar en años: prosperidad.

La mayoría de esas personas viven al margen de un mercado mexicano ineficiente que no los puede beneficiar mucho.

Ellos no son los grandes inversionistas, no pueden enojarse con el mercado provocando un estornudo de capitales, ocasionando una devaluación acelerada del peso, retirando grandes inversiones, cerrando plantas maquiladoras, etc.

Por lo general pertenecen a los estratos sociales más humildes y nadie los pela. Así que la única vía que tienen para expresarle a su país que no están de acuerdo con la condición a la que los han reducido, es por piernas.

Toda esta gente huye de la pesadilla en que vive en busca del sueño americano. Ellos saben que en México vivir así mata. 

Esta gente ha recibido sin lugar a dudas una patada histórica en el trasero de parte de EUA y también de México.

Hoy los estadounidenses no los quieren allá, sus rígidas políticas migratorias así lo expresan, y los mexicanos no los queremos aquí, nuestra inútil capacidad de crecimiento económico con estabilidad los expulsa automáticamente.

 Sin embargo, la contribución de estos paisanos ha sido subestimada a lo largo del tiempo. Habría que replantear si en verdad nadie los quiere. 

Para empezar, el estereotipo que tenemos del emigrante ha cambiado. Solamente 1 de cada 10 trabajadores mexicanos en EUA labora en la agricultura.

 Hoy la mayoría son absorbidos por el sector servicios. El 55% de los residentes mexicanos en EUA cuenta con un grado de escolaridad equivalente a secundaria completa o más. Así es que olvídese del rancherito que no sabe leer ni escribir.

 Los emigrantes han dejado de ser en su mayoría de origen rural y cada vez se integra más gente proveniente de las ciudades. Incluso se estima que cerca de 2 de cada 3 emigrantes tenían trabajo en México antes de partir a EUA.

 Así es que el problema migratorio tiene que ver, más allá de la falta de trabajo en México, con la ausencia de expectativas de prosperidad en este país. Aquel famoso “bienestar para la familia”. 

Si hablamos de EUA, es entendible en cierto modo que esta nación se queje de tener que integrar a toda esta gente cuando los estadounidenses no tienen la culpa de la irresponsabilidad histórica de los gobiernos mexicanos para atender a tanta gente olvidada.

Sin embargo no podemos negar el hecho de que la contribución laboral de los paisanos permitió en buena parte el sostenimiento del boom económico de esa nación a lo largo de la última década. 

Todos sabemos que los mexicanos llegan a EUA a hacer el trabajo sucio que los estadounidenses no están dispuestos a realizar.

Los salarios que se ofrecen por estas actividades en EUA reflejan la demanda que existe de manos aguantadoras que cubran esas posiciones.

Abundan los trabajadores domésticos, del campo, obreros, cocineros, meseros, jardineros, parrilleros, lavaplatos, mensajeros, barrenderos, mecánicos, nanas, etc.

Además los empleadores estadounidenses se aprovechan de la ventajosa situación de contratar a indocumentados, lo cual se traduce en mayores beneficios a menor costo: salarios bajos, ausencia de prestaciones legales, menores costos operativos, mayores utilidades para el negocio, precios de productos más competitivos, etc.

Así es que en este sentido, tal parece que los estadounidenses no le hacen tanto el feo a los inmigrantes.

 Más bien se benefician de mantenerlos fuera de la ley. 

También hay que considerar que la llegada de los inmigrantes mexicanos (de los cuales el 70% son jóvenes y adultos jóvenes, entre 15 y 44 años de edad) ha permitido el crecimiento de la población estadounidense, y por ende el de su economía, ante el estancamiento demográfico al que se enfrenta esa nación donde la pirámide de edades está invertida y dominada por gente que empieza a abandonar su periodo laboral productivo. 

Según datos del Consejo Nacional de Población (Conapo), en la década de los sesentas el flujo de emigrantes a EUA andaba entre los 26 mil y 29 mil mexicanos al año. Más de 30 años después ese flujo se ha desbordado 10 veces más llegando a los 300 mil mexicanos al año (legales e ilegales). 

En la actualidad se estima que en EUA habitan cerca de 8.5 millones de mexicanos de los cuales 3 millones son indocumentados.

 Si a este dato le agregamos los 13 millones de residentes estadounidenses de origen mexicano (descendencia de inmigrantes mexicanos), llegaremos a casi 22 millones de personas con sangre mexicana que radica en EUA.

Un mundo de gente que no puede ser despreciado por EUA ni en sentido económico ni político. Según calcula Standard & Poor´s el poder adquisitivo de esta enorme delegación mexicana rondó los 443 mil millones de dólares (mdd) en el año 2000 (más del 60% del PIB de todo México) y estima que al 2010 la cifra llegue a los 939 mil mdd.

 A este paso los mexicanos podrían convertirse en la minoría étnica más importante de EUA y dudo que a los políticos estadounidenses les pase este dato inadvertido. 

Ahora, viendo el lado mexicano, ¿Se imagina el horror social que sería de México (mayor del que ya tenemos, claro) si la delegación de los 22 millones se regresara de un día para otro al país? Si así como estamos la economía nacional está que ya no puede con tanto mexicano, ahora piense lo que sería con otro 20% más de los que ya estamos aquí…

 Definitivamente los niveles de delincuencia e inseguridad serían mayores, la pobreza estaría al tope, el sector informal se volvería tamaño jumbo, el gasto del gobierno alcanzaría menos de lo que hoy alcanza, el desempleo se dispararía mucho más, etc. 

Hoy pareciera que la fuga de los paisanos al otro lado nos beneficia y nos quita presiones sociales, económicas y laborales; sin embargo este espejismo se develará en unos 20 años cuando empecemos a pagar los platos rotos por no haber hecho hoy lo necesario para mantener a esa fuerza laboral joven dentro de nuestras fronteras.

En ese lapso seremos testigos del paso de una población mayoritariamente joven a una población envejecida.

Así es que con tanta gente huyendo del país, una población económicamente activa con tendencia a reducirse en el largo plazo y una trabazón de cambios estructurales necesarios para estimular la productividad del país que no sabemos como destrabar, tal parece que se avecina una inminente sequía económica y social en México. 

Por el momento y al corto plazo (como nos gusta vivir y pensar) muchas familias mexicanas se benefician de las remesas que reciben año con año de todos los paisanos que andan trabajando allá en EUA. Resulta que México ocupa el segundo lugar a nivel mundial como receptor de remesas familiares.

Recursos valorados en 8,895 mdd en el 2001 (o el 1.44% del PIB del año pasado). Nada más nos ganó la India con 11,000 mdd (o el 2.42% de su PIB). En Latinoamérica no hay quién nos gane, somos los campeones. Nos sigue El Salvador muy atrás con 1,751 mdd (que son vitales para su pequeña economía pues pesan más del 13% de su PIB). 

El impacto económico de las remesas no puede pasar inadvertido: Conapo estima que en la última década México recibió más de 45 mil mdd por concepto de remesas. Los 8,895 mdd recibidos en el 2001 representan el 69.5% del valor de las exportaciones petroleras de ese año.

Equivalen al 136% de los recursos captados por el turismo. O también representan el 36% del monto de la Inversión Extranjera Directa (IED) registrada el año pasado (24,730 mdd), tomando en cuenta que cerca de la mitad de esos recursos se debió a la adquisición de Banamex por Citigroup, una transacción que no se ve todos los días. 

Sin embargo, más allá de lo impactante que parezcan las cifras, sería bueno cuestionar si el costo de oportunidad de perder a tanta gente, a tantos talentos que se van del país en busca de menores obstáculos para acceder a educación, salud, seguridad y justicia; y mayores facilidades para vivir, trabajar, comerciar, producir, ahorrar, emprender, vale esos 8,900 mdd que hoy tanto “presumimos”.

No hay que olvidar que finalmente esas remesas que llegan al país en su mayoría llegan solamente a llenar barrigas, es difícil que esa gente con tantas necesidades básicas, piense siquiera en canalizar esos recursos al ahorro productivo. 

¿Cuánto potencial de crecimiento no podría generarse si todo esta gente que huye espantada de México pudiera contar con servicios públicos de calidad, con una educación competente, con un mercado laboral capaz de absorberlos, con leyes sencillas, con autoridades que respeten la libertad, las propiedades de todos y hagan valer los contratos, con bancos que hagan accesible el crédito a proyectos viables, etc. etc.? 

La contribución de tanta gente valiosa, sea cual sea la actividad que desempeñan, se está perdiendo por falta de confianza en este país. Y sin confianza en la economía no habrá crecimiento ni prosperidad nunca.

Como alguna vez diría Abel Quesada, caricaturista mexicano, “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Lic.Renato Blanco/gestiopolis.com

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