El otro Kapuscinski

El otro Kapuscinski

Es una verdadera pena que el reportero estrella del siglo XX no esté vivo para poder no sólo ser testigo de los hechos ni para hacer preguntas, sino para contestar las que se están haciendo en torno de él. El punto central de los comentarios es la biografía titulada La no ficción de Kapuscinski, escrita por su alumno y amigo, el también polaco, Artur Domoslawsky. En dicho libro revela los amoríos del periodista y dice que era informante de los gobiernos comunistas de Polonia. Y, peor aún, la biografía saca a la luz algo que para muchos será difícil de creer: que Kapuscinski inventaba situaciones, que no había estado en muchos sitios en los que se supone que estuvo como testigo de hechos que aparecen en sus libros. Queda la idea entonces de que el periodista mintió al contar y el escritor acertó al inventar.

Que no le hayan constado ciertas cosas de la Etiopía no le quita valor literario ni periodístico a El Emperador. Hay lugares y momentos de la historia a los que solamente se llega de la mano de los libros de Kapuscinski. La descripción del poder, sus excesos, sus bajezas y los retratos que hace de los llamados países del tercer mundo; el retrato de la caída de las dictaduras de Irán, Etiopía, de diversos países africanos, del imperio ruso están ya en la historia del periodismo. El problema, según la polémica, es que se hace con lo que se considera ficción. Se antoja difícil diseccionar los libros para definir qué sí pasó o qué sí le constó y qué es fruto de la imaginación del periodista-escritor.

El biógrafo Domoslawsky dijo en entrevista con Julio Villanueva que una de las contribuciones de Kapuscinski fue la de “elevar el reportaje al nivel de la gran literatura. A veces hacía experimentos literarios peligrosos para el periodismo. Es complicado llamar “periodísticas” sus historias, pero en la mayoría de casos son gran literatura. Por eso fue candidato para el Premio Nobel”. Y precisamente en eso estiba el conflicto, las fronteras del periodismo con la literatura. Domoslawsky dice que en su libro dejó de ver al periodista como un mito y lo vio como ser humano. Quizá eso, quitarle el velo mítico, fue lo que movió a la viuda de Kapuscinski a intentar detener la publicación de la biografía y acusar al escritor, amigo y hoy biógrafo, de cometer parricidio.

En un texto publicado por El País titulado La polémica creatividad de Kapuscinski, Timothy Garton señala la importancia de que los reporteros no cambien nada ni pulan lo que va entre comillas, y que el dilema en torno al periodista polaco es “que se cruce el límite entre la realidad y la ficción”. Tiene razón, pero él mismo admite que lo hecho por Kapuscinski está fuera de toda duda y que el problema ahora está en cómo reaccionar ante las recientes revelaciones.

Cuando termine la polémica, creo que las aguas volverán a la calma y se seguirán entendiendo los reportajes de Kapuscinski, que aunque fueran totalmente verdaderos, lo que pasa en nuestro alrededor parece obra de ficción. También hay una solución que propone el propio biógrafo, y es que en las librerías se tenga una sección de ficción, otra de no ficción, y en medio una que se llame simplemente Kapuscinski.

Juan Ignacio Zabala/mileniodiario

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